Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



lunes, 30 de junio de 2014

Platón, Apología de Sócrates, traducción (IV)

Continuamos con la traducción de la Apología de Sócrates de Platón que dejamos aquí:
IV
Pero ni nada de esto es así ni, si habéis oído a alguien que yo educo a los hombres por salario y trabajo por dinero, tampoco es verdad. (E) Porque a mí también me parece que es bueno el que alguien sea capaz de enseñar a la gente como Gorgias de Leontinos, Pródico de Ceos e Hipias de Élide. Pues cada uno de ellos, oh ciudadanos, es capaz de ir de una ciudad a otra y convencer a los jóvenes -a quienes les es posible recibir lecciones gratuitamente de aquellos de sus conciudadanos que gusten- para que se aparten de la compañía de éstos, se unan a ellos dándoles dinero (20A) y, además, les queden agradecidos. Por otra parte, está aquí otro hombre, sabio de Paros, que, según entiendo, vive entre nosotros. Porque me encontré casualmente al hombre que más dinero había gastado con los sofistas, más incluso que todos los demás juntos, Calías, el hijo de Hipónico. Así que, puesto que tiene dos hijos, le pregunté: "¡Oh Calías! -dije-, si tus dos hijos hubieran sido dos potros o dos becerros, ¿les buscaríamos un encargado para que se ocupara de ellos y le pagaríamos?; éste debería hacerlos aptos y buenos según su condición natural (B), y sería alguien experto en caballos o un labrador. Pero como son hombres, ¿qué especialista en saber tienes pensado tomar?, ¿quién es el experto en la perfección humana y política? Pues creo que tú, a causa de tus hijos, habrás meditado su contratación. ¿Hay alguno -dije yo- o no?" "Por supuesto que sí", dijo él. Dije yo: "¿Quién es, de qué país y por cuánto enseña?" "Eveno de Paros -dijo-, oh Sócrates, por cinco minas".  Y yo consideré dichoso a Eveno si verdaderamente posee ese arte y lo enseña con mesura. (C) Pero yo me enorgullecería y me jactaría si supiera estas cosas. Pero no las sé, oh atenienses.

Comentario:
Sócrates se aparta de la sofística -Gorgias, Hipias- en lo que toca a la enseñanza por dinero del mismo modo que se desinteresaba del estudio de la physis y se encaminaba hacia los valores.

Adjuntamos el texto griego:


4.
     ἀλλὰ γὰρ οὔτε τούτων οὐδέν ἐστιν, οὐδέ γ᾽ εἴ τινος ἀκηκόατε ὡς ἐγὼ παιδεύειν ἐπιχειρῶ ἀνθρώπους καὶ χρήματα [19e] πράττομαι, οὐδὲ τοῦτο ἀληθές. ἐπεὶ καὶ τοῦτό γέ μοι δοκεῖ καλὸν εἶναι, εἴ τις οἷός τ᾽ εἴη παιδεύειν ἀνθρώπους ὥσπερ Γοργίας τε ὁ Λεοντῖνος καὶ Πρόδικος ὁ Κεῖος καὶ Ἱππίας ὁ Ἠλεῖος. τούτων γὰρ ἕκαστος, ὦ ἄνδρες, οἷός τ᾽ ἐστὶν ἰὼν εἰς ἑκάστην τῶν πόλεων τοὺς νέους — οἷς ἔξεστι τῶν ἑαυτῶν πολιτῶν προῖκα συνεῖναι ὧι ἂν βούλωνται — τούτους πείθουσι τὰς ἐκείνων συνουσίας [20a] ἀπολιπόντας σφίσιν συνεῖναι χρήματα διδόντας καὶ χάριν προσειδέναι.
     ἐπεὶ καὶ ἄλλος ἀνήρ ἐστι Πάριος ἐνθάδε σοφὸς ὃν ἐγὼ ἠισθόμην ἐπιδημοῦντα· ἔτυχον γὰρ προσελθὼν ἀνδρὶ ὃς τετέλεκε χρήματα σοφισταῖς πλείω ἢ σύμπαντες οἱ ἄλλοι, Καλλίαι τῶι Ἱππονίκου· τοῦτον οὖν ἀνηρόμην — ἐστὸν γὰρ αὐτῶι δύο ὑεῖ — «ὦ Καλλία,» ἦν δ᾽ ἐγώ, «εἰ μέν σου τὼ ὑεῖ πώλω ἢ μόσχω ἐγενέσθην, εἴχομεν ἂν αὐτοῖν ἐπιστάτην λαβεῖν καὶ μισθώσασθαι ὃς ἔμελλεν αὐτὼ καλώ τε κἀγαθὼ ποιήσειν [20b] τὴν προσήκουσαν ἀρετήν, ἦν δ᾽ ἂν οὗτος ἢ τῶν ἱππικῶν τις ἢ τῶν γεωργικῶν· νῦν δ᾽ ἐπειδὴ ἀνθρώπω ἐστόν, τίνα αὐτοῖν ἐν νῶι ἔχεις ἐπιστάτην λαβεῖν· τίς τῆς τοιαύτης ἀρετῆς, τῆς ἀνθρωπίνης τε καὶ πολιτικῆς, ἐπιστήμων ἐστίν· οἶμαι γάρ σε ἐσκέφθαι διὰ τὴν τῶν ὑέων κτῆσιν. ἔστιν τις,» ἔφην ἐγώ, «ἢ οὔ;» «πάνυ γε,» ἦ δ᾽ ὅς. «τίς,» ἦν δ᾽ ἐγώ, «καὶ ποδαπός, καὶ πόσου διδάσκει;» «Εὔηνος», ἔφη, «ὦ Σώκρατες, Πάριος, πέντε μνῶν.» καὶ ἐγὼ τὸν Εὔηνον ἐμακάρισα, εἰ ὡς ἀληθῶς ἔχοι ταύτην τὴν [20c]τέχνην καὶ οὕτως ἐμμελῶς διδάσκει. ἐγὼ γοῦν καὶ αὐτὸς ἐκαλλυνόμην τε καὶ ἡβρυνόμην ἂν εἰ ἠπιστάμην ταῦτα· ἀλλ᾽ οὐ γὰρ ἐπίσταμαι, ὦ ἄνδρες Ἀθηναῖοι. 

jueves, 26 de junio de 2014

Platón, Apología de Sócrates, traducción (III)

J-L. David, Muerte de Sócrates
Proseguimos con la traducción de la Apología de Sócrates que dejamos aquí:
III
Recojamos, pues, desde el comienzo, cuál es la acusación de la que ha surgido esta opinión contra mí y por la que Meleto, (19B) creyéndola también, ha presentado este proceso. Veamos: ¿qué mentiras decían mis calumniadores? Como si de un texto formal de los acusadores se tratara es necesario, pues, proceder a su lectura: "Sócrates ofende y se mete en lo que no debe al indagar lo que hay bajo la tierra y en el cielo; y convirtiendo el argumento más débil en el más fuerte; y enseñando estas mismas cosas a otros". Así está la cuestión. (C) En efecto, eso veíais en la comedia de Aristófanes, a un tal Sócrates que era llevado de aquí allá afirmando que volaba por los aires y diciendo muchas tonterías de las cuales yo no comprendo ni mucho ni poco. Y no digo esto con ánimo de menospreciar tales conocimientos si es que hay aquí algún sabio en estas cuestiones: no vaya yo a ser de nuevo procesado por parte de Meleto con nuevas acusaciones. Pues el caso es, oh atenienses, que nada tengo que ver. (D) Presento como testigos a la mayoría de vosotros y os pido que cuantos me hayáis oído dialogar alguna vez os informéis y lo deis a conocer los unos a los otros. Muchos de vosotros estáis en esa situación. Por tanto, informaos entre vosotros sobre si alguno me oyó dialogar mucho o poco sobre ese tema. Y así sabréis que todo lo que los demás han dicho sobre mí es igual de falso.

domingo, 22 de junio de 2014

Platón, Apología de Sócrates, traducción (II)

Rafael, La escuela de Atenas
Proseguimos en esta entrada la traducción que iniciamos aquí:
II
(18A) Por consiguiente, ante todo es justo, oh atenienses, que yo me defienda: primero de las primeras acusaciones falsas y de los primeros acusadores, después de las últimas y de los últimos. (B) En efecto, muchos acusadores míos han aparecido ante vosotros desde antiguo y durante muchos años sin decir nada verdadero; a éstos temo yo más que a Anito y a los suyos, que también son temibles. Pero los más terribles, oh atenienses, son los que, tomando a muchos de vosotros desde niños, os persuadían y me acusaban con mentiras diciendo que había un tal Sócrates, hombre sabio, preocupado por las cosas celestes y además escudriñador de todo lo que hay bajo la tierra, y que, mediante la palabra, convierte en superior a lo inferior. (C) Éstos, oh ciudadanos atenienses, los que han esparcido tal fama, son mis terribles acusadores. Pues quienes los han escuchado creen  que los que investigan tales cosas tampoco creen en los dioses. En efecto, estos acusadores son muchos y me han acusado desde hace mucho tiempo; y además hablaban ante vosotros durante la edad en que, siendo niños, o algunos de vosotros adolescentes, más podíais creerles. Y lo más insensato de todo es que ni siquiera es posible alcanzar a saber sus nombres excepto el de cierto comediógrafo. (D) ¡Cuántos, llevados por la envidia y la enemistad, os persuadían y cuántos, convencidos, convencían a otros!: todos éstos son los más dignos de recelos. Pues no es posible hacer subir aquí al estrado a ninguno de ellos para interrogarlo sino que la necesidad me lleva a defenderme sin medios, como si  luchara contra sombras, y a argumentar sin que nadie me responda. Apreciad, pues, como yo digo, que hay dos tipos de acusadores míos: por un lado, los que se manifiestan ahora; por otro, los antiguos a los que me he referido; (E) y es necesario que me defienda primero de éstos. Pues también vosotros los habéis oído acusarme desde antiguo y mucho más que a estos últimos.
(19A) Aclarado pues, esto, oh atenienses, he de desarrollar la defensa y empezar a alejar de vosotros la mala opinión que de mí habéis venido adquiriendo durante largo tiempo, y he de hacerlo en poco tiempo. Querría, pues, que esto se desarrollara así en beneficio vuestro y mío,  y conseguir algo positivo con mi defensa; pero creo, y de ningún modo se me oculta, que es difícil. Sin embargo, sea ello como agrade al dios, que yo convenceré y me defenderé según la ley.

miércoles, 18 de junio de 2014

Platón, Apología de Sócrates, traducción (I)

La presente entrada es continuación de esta otra donde presentábamos de forma rápida el diálogo de Platón. Pretendemos ahora traer una traducción personal de la obra tomando como base el texto griego allí citado y auxiliándonos de las dos traducciones al español también citadas allí.

(17A) No sé pues, cómo a vosotros, ciudadanos atenienses, os han influido mis acusadores. Yo mismo casi no me he reconocido en sus palabras: tan persuasivamente han hablado. Sin embargo, nada han dicho, en la práctica, que sea verdadero. Por lo demás, me admiré muchísimo de una de sus muchas falsedades: dijeron que es necesario precaverse de mí y no dejarse engañar porque soy hábil en el hablar. (B) En efecto, no avergonzarse de lo que al momento refutaré con pruebas cuando me exprese de modo no hábil, eso me ha parecido desvergonzado; si no es que acaso ellos llamen hábil en el hablar al que dice la verdad. Pues si es eso lo que quieren decir, yo soy orador pero no de esa clase. En efecto, ellos, como digo, poco o nada verdadero han dicho. En cambio, vosotros me oiréis toda la verdad. Ciertamente, por Zeus, ciudadanos atenienses, no oiréis frases elegantes como las suyas, ni adornadas con vocablos y expresiones, (C) sino dichas al azar con expresiones sencillas. Porque confío en que lo que digo sea justo; y ninguno de vosotros espere otra cosa. Pues, por supuesto, no es conveniente, oh ciudadanos, que alguien de mi edad se presente ante vosotros con palabras fingidas como las de los jovenzuelos. Y verdadera y seriamente, oh ciudadanos de Atenas, os pido que me sea concedido algo: que si me oís defenderme con las mismas palabras con las que suelo hablar bien en el ágora entre las mesas de los comerciantes donde muchos de vosotros me habéis oído, bien en otros sitios, no os sorprendáis ni alborotéis por ello. (D) Pues las cosas están así: ahora yo, por vez primera, comparezco ante un tribunal, y a la edad de setenta años. Sencillamente, soy ajeno al modo de expresarse aquí. Si fuera extranjero alcanzaría sin duda que me permitiríais hablar según el modo y acento en que hubiera sido educado (18A) y, por ello, os solicito algo, según creo, justo: que mi modo de hablar, quizá mejor quizá peor, sea respetado y atendido según diga cosas justas o no. Pues ése es el deber del juez mientras el del orador es decir la verdad.

sábado, 14 de junio de 2014

Platón, Apología de Sócrates

La presente entrada pretende ser continuación de esta otra. Pero para ella nos hemos servido, además del volumen I de los Diálogos allí citado, de las dos obras siguientes:
1ª) Plato, Apology of Socrates (ed. por Harold Williamson con el texto original griego, MacMillan, Londres: 1967)
2ª) Platón, Apología de Sócrates (ed. por Llàtzer Bria, Alhambra, Madrid: 1986)
Ideas principales del texto:
1º) La división y estructuración del texto es perfecta por parte de Platón y también lo es el discurso de Sócrates: exordio sobre el lenguaje que va a utilizar en oposición al de los sofistas; clasificación entre los primeros acusadores y los posteriores; presentación y refutación de las acusaciones de unos y otros: impiedad (asebeia), corrupción de la juventud; introducción de nuevas divinidades...
2º) Sea como fuere, Sócrates no es el primero en sufrir semejantes acusaciones: ya antes Anaxágoras había sufrido destierro tras ser acusado también de impiedad por afirmar que el sol era una piedra inflamada. Y parecidas acusaciones pesan sobre Protágoras, Pitágoras, Critias, Alcibíades... Y estos dos últimos, antiguos discípulos de Sócrates, se convierten en enemigos de Atenas de tal modo que quizá influya en ello el que se procese a su maestro a pesar de su vejez y de estar, por tanto, próximo a la muerte.
3º) Aparece Aristófanes (18d) en el grupo de los primeros acusadores de Sócrates. En efecto, en Las nubes, lo había presentado despectivamente como alguien que se mueve por interés y próximo a los sofistas en tanto interesado sólo en la manipulación del lenguaje.
4º) Es digna de mención la argumentación (21a y ss.) de Sócrates para presentarse como el hombre más sabio de Atenas: relata cómo un amigo suyo interrogó al oráculo de Delfos y éste afirmó que Sócrates era el más sabio de Atenas. Pero, consciente éste de su propia ignorancia, observó a los considerados más sabios y llegó a la conclusión de que los superaba en ese aspecto, en que sólo él era consciente de su ignorancia.
5º) La acusación sobre la corrupción de la juventud tiene que ver con las ideas políticas de Sócrates y, en concreto, con su poca simpatía por la democracia. En efecto, éste difunde la idea de que el gobierno es un arte, quizá el más elevado, y sólo puede ser ejercido por un experto. Y si bien hasta hacía poco la democracia ateniense era tolerante para con sus críticos, no ocurre así en el momento del juicio de Sócrates, cinco años después del advenimiento de los treinta tiranos. Por lo demás, Sócrates justifica su vida como una misión para la reforma moral de sus discípulos en tanto ciudadanos, y ello implica una crítica a la moral imperante. 
6º) En cuanto a la acusación de que cree en otras divinidades procede del hecho de que Sócrates, al decir tanto de Platón como de Jenofonte en su Apología, se dice tocado por una guía o voz divina (to daimonion), pero en ningún caso, tal como interpretan sus acusadores, por una divinidad. Tal como explica Harold Williamson en su introducción en inglés al texto griego, siendo to daimonion adjetivo y no sustantivo, ello supone que Sócrates habla de some 'divine agency', not a 'divine agent' (xxii).

viernes, 6 de junio de 2014

Sergio Gaspar, Viento de tramontana

Gaspar, Sergio, Viento de tramontana (Edhasa, Barcelona: 2014)
Pues no sé qué decir de esta obra. Ni siquiera sobre el género literario. ¿El argumento?: algo así como que el gobierno catalán decide dar por muerto a Josep Plà cuando éste sigue vivo; pero Plà mata a una turista en la Costa Brava y se descubre el pastel. O sea... Intentaré decir algo más por apartados:
  • Tiene una cierta desorganización estructural no sé si conscientemente buscada. En todo caso, la sensación es la de estar ante una serie de materiales diversos acumulados por el autor y sin mucha relación unos con otros: un comienzo en la Costa Brava en términos de novela negra, paseos nocturnos por Barcelona con ciertos toques de Luces de bohemia, obra que aparece explícitamente citada (256), excursos sobre el Ampurdán o sobre geografía urbana o historia de Barcelona, una pequeña pieza teatral final con los últimos presidentes de la Generalitat como personajes... Ya digo: el material no parece perfectamente ensamblado.
  • La ironía preside toda la obra ya desde la dedicatoria a la entidad, de perfil nazionalsocialista, Òmnium Cultural, per la seva defensa lloable i imprescindible de la llengua, la cultura i la identitat d'aproximadament la meitat dels catalans (11). O con Josep Plà a lomos de un burro que, a su vez, luce la pegatina de otro asno más pequeñito cuyo cuerpo lucía las barras verticales, rojas y gualdas, de la señera catalana (22: y obsérvese el adjetivo gualdas). O el gitano lorquiano convertido en un Antonio Torres Heredia, capitán de la Guardia Civil (102). O lo de comprar un libro en un top manta de l'Estartit (71). O l'Escala como cap y casal de la anchoa catalana (74). O el punto G de las mujeres se encuentra al final de la palabra shoppinG (110). Y así, hasta caer en la iconoclastia al llamar poeta paleto (72) a Mossèn Cinto Verdaguer, cuyo centenario -me da que- no llegó a celebrarse y por algo será. 
  • Se trazan paralelos entre el fascismo clásico español y el nazionalismo catalán: Franco, ese dictador asesino... guardó los uniformes de la guerra..., que desmpolvaría para las grandes efemérides de propaganda y de reafirmación de la raza -cosas así como las Jornadas del Once de Septiembre, pero a lo fascista y español- (66). Véase lo que se dice de un taxista paquistaní: nada más llegar, lo habían encarcelado en un Aula d'Acollida per a Nouvinguts, es decir, un Campo de Catalanización para Inmigrantes y Extranjeros (119).
  • Se da una versión crítico-humorística del independentismo como la siguiente burla del concepto mismo de identidad: En una Cataluña independiente, el Ampurdán debería separarse de Cataluña y construir un estado propio con el que recuperar su identidad, usurpada por los señoritos barceloneses (73). Asimismo se toca el problema psicológico de la necesidad de un enemigo para alimentar el nazionalismo: en una Cataluña independiente, sustituiremos el viejo odio hacia el resto de los españoles por uno nuevo y antiguo: el odio entre nosotros, los catalanes (155).
  • En lo que se refiere a la presencia de Luces de bohemia, asistimos a un paseo nocturno por Barcelona de Josep Plà acompañando a Franco y en el que se cruzan con toreros como Diego Puerta, Paco Camino y el Viti (124) o con Alfredo Landa (125) o con Ignacio Agustí en la terraza del Sándor (141). O más adelante con Cervantes como interlocutor.
  • De ahí un cierto -por llamarlo de alguna manera- toque metaliterario como el de sugerir que Cervantes y Fernández de Avellaneda intercambiaron sus personalidades (204ss) y, más aún, uno de ellos está enterrado no en el convento de las Trinitarias de Madrid sino -¡oh sacrilegio!- en el Fossar de les Moreres (214-215). Más aún: discuten sobre geografía urbana de Barcelona, que si el Ensanche, el plan Cerdá, la Diagonal... (166ss.)
  • Contiene alguna idea con intención de épater como la de que el Destape fue el comienzo verdadero de la Transición Democrática. No la trajeron los comunistas, ni Carrillo, ni Suárez... ni los curas obreros, ni los frailes nacionalistas, todos unos reprimidos que sólo buscaban follar y predicar en vasco o catalán (126). O la siguiente frase: la democracia, el nombre que adoptará el posfranquismo (179).
  • Aún habría que añadir algún diálogo sobre premios literarios y la breve pieza dramática final con los presidentes de la Generalitat para llegar a la conclusión de que la obra, a partir de un breve hilo argumental, se convierte en una sucesión de excursos e ideas ocurrentes sin ensamblar.
  • No se entiende, por fin, por qué si el autor opta en el título por el nombre español correcto de Ampurdán o, más adelante, por Rosas (208), hace oscilar el Ensanche (236, 237, 239) con el Eixample (167).

lunes, 2 de junio de 2014

Virginia Woolf, Orlando

Woolf, Virginia, Orlando (Edhasa, Barcelona: 1999)
La obra es una parodia de biografía. En efecto, la biografía es imposible al menos por dos aspectos:
a) El período de vida del personaje biografiado, que abarca desde el siglo XVI hasta 1928, el momento de escritura de la obra.
b) El cambio de sexo del personaje, primero hombre y luego mujer. Y ello nos lleva a dos referentes: el uno hacia atrás, y saltándonos el andrógino dEl banquete de Platón, hasta Tiresias quien, tal como lo cuenta por ejemplo Ovidio en sus Metamorfosis, sufre un cambio de sexo cuando separa a dos serpientes copulando; el otro hasta la novela Quim/Quima de Maria Aurelia Capmany (1971), que leímos hará veinticinco años sin que nos dejara el más mínimo poso, y con la que pretende homenajear así a Virginia Woolf y su Orlando.
Y ahora comentamos la novela por apartados ordenados según avanza la novela y, de paso, damos una ligera idea del argumento:


  • La escena inicial es significativa. A pesar de que luego variará, no deja lugar a dudas sobre el sexo del protagonista: Él -porque no cabe duda sobre su sexo- aunque la moda de la época contribuyera a disfrazarlo- estaba acometiendo la cabeza de un moro que pendía de las vigas (11). Y, además, remite a los antecedentes literarios de su nombre al menos hasta Roland en la batalla de Roncesvalles que, en los romances castellanos será llamado Roldán; y de ahí se llegará a los Orlando del Tasso y Ariosto.
  • Rápidamente se nos introduce en la Época Isabelina (21) nada menos que con la reina encaprichándose de Orlando: lo tumbó entre almohadones... Y la Reina, que sabía muy bien lo que era un hombre, aunque dicen que no del modo usual (20-21). Aunque él se aficiona a todo tipo de mujeres -dedicaba versos a todas ellas (22)- prefiriendo a las plebeyas: la mejilla de la hija de un posadero le parecía más fresca, y el ingenio de la sobrina de un guardabosque más vivo que los de las damas de la Corte (23). Se introduce, incluso, una anécdota de velada homosexualidad: vio salir del pabellón de la Embajada Moscovita una figura -mujer o mancebo, porque la túnica suelta y las bombachas al modo ruso, equivocaban el sexo- que lo llenó de curiosidad... Orlando estuvo por arrancarse los pelos, al ver que la persona era de su mismo sexo, y que no había posibilidad de un abrazo (29; y me niego a relacionar ese episodio con nada que tenga que ver con la sexualidad de la autora o de su relación con Vita Sackville-West, a quien dedica la novela: por la misma razón de que no puedo deducir que a Cervantes le guste el queso si Sancho Panza lo come). Más tarde ocurrirá otro episodio parecido cuando Orlando, convertido ya en mujer, acude a casa de una prostituta encontrada en Leicester Square: Al sentirla en su brazo, levemente pero como quien está suplicando, Orlando recobró los sentimientos propios de un hombre. Miró, sintió, habló como un hombre (160).
  • A pesar de esa primera apreciación por parte de Orlando, la figura resultará ser una mujer, una princesa rusa. Se enamorará de ella y sufrirá un fuerte desengaño cuando la vea en brazos de otro hasta el punto de sentirse Otelo cuando vea representar la obra: El frenesí del moro era su propio frenesí, y cuando el moro estranguló a la mujer, la mujer estrangulada era Sasha (43).
  • Tras ello, Orlando se refugia en la literatura y compone obras de temas mitológicos trillados: Ulises, Hipólito, Ifigenia... junto a otro poema llamado simplemente 'La encina' -el único título breve del montón (60), sobre el que volverá una y otra vez (74, 132, 202) a lo largo de toda su vida. Pero tras ser satirizado por un poeta vulgar, Nick Greene, vuelve a buscar refugio con tintes que recuerdan el Eclesiastés bíblico: La ambición y el amor, los poetas y las mujeres eran igualmente vanos. La literatura era una farsa... Sólo dos cosas le quedaban; en ellas puso toda su fe: los perros y la naturaleza, un mastín y un rosal (74); y sobre ese último aspecto se volverá al final de la novela: Me gustan los árboles... y los perros ovejeros (228). Y, sea como fuere, es constante el contacto de Orlando con autores ingleses históricos: Shakespeare y Marlowe (68), Pope (155), Swift (156), Carlyle (204), Milton (208, 237)...
  • Producto de los desengaños y huyendo del acoso de la Archiduquesa Enriqueta (88), solicita al rey, que en ese momento es Carlos y suponemos el de la revolución de 1640, que lo nombre embajador de Constantinopla. Y es allí donde, tras un largo sueño que, como el de la Bella Durmiente, puede simbolizar la muerte y luego el renacer, se transforma en mujer. Es interesante alguna apreciación como que El cambio de sexo modificaba su porvenir, no su identidad (105): ¿se pone en tela de cuestión la identidad sexual o la importancia de pertenecer a uno u otro sexo? Quizá, porque más tarde se vuelve a la cuestión: La oscuridad que separa los sexos y en la que se conservan tantas impurezas antiguas, quedó abolida (121); No hay ser humano que no oscile de un sexo a otro, y a menudo sólo los trajes siguen siendo varones o mujeres, mientras que el sexo oculto es lo contrario de lo que está a la vista (141).
  • Tras su conversión en mujer comparte vida con una tribu de gitanos y su modo de entender el mundo choca con el de ellos: Desde el punto de vista gitano, un Duque, entendió Orlando, era una especie de logrero o ladrón que había arrebatado tierra y dinero a quienes la desdeñan, y que no había pensado en nada más ingenioso que en edificar trescientos sesenta y cinco dormitorios cuando basta con uno, y ese uno está de más (112). Por ello decide volver a Inglaterra.
  • Ya en el siglo XIX, acaba su poema sobre 'La encina', que parece adquirir vida propia: El manuscrito, que yacía sobre su corazón, empezó a latir y a agitarse, como si fuera vivo... Quería que lo leyeran. Exigía que lo leyeran. Era capaz de morírsele sobre el pecho si no lo leían (200). Acude a Londres y se reencuentra con el poeta Nick Green, que entiende, a diferencia de los había opinado antiguamente, que Por supuesto había que publicarlo en el acto (206).
  • Poco después Orlando acude por primera vez a una librería y comprueba con sorpresa que hay incluso obras sobre otras obras; pide luego al librero que le remitiera todo lo que fuese importante (208) y quedará abrumada ante la cantidad de autores victorianos en relación con otras épocas que ha vivido.
  • Ya situada en época de la autora, 1928, Orlando consigue reconocimiento para su poema 'La encina', con siete ediciones y un premio. Tras ello tararea un fragmento del poema y seguimos, tanto del tono como del contenido, que todo ese arrastrarlo desde siglos atrás ha sido pura ironía: compraré encinas y, al pie de mis encinas, cantaré que las glorias son mezquinas (229). Decide enterrarlo en uno de los lugares que solía frecuentar, una devolución a la tierra de lo que la tierra me dio (237) pero acaba dejándolo insepulto por miedo de que lo desentierren los perros. Acto seguido, y anunciando ya el final, se da una hermosa recreación del tópico del ubi sunt: Ya no había guerra... Drake se había ido; Nelson se había ido (238). Y acaba la novela nuevamente de modo irónico con un guiño al fueron felices de la cuentística: Orlando se reencuentra con el hombre con el que hace poco se había casado, Marmaduke Bonthrop Shelmerdine, nombre otra vez irónico.
Y alguna apreciación más nos merece la novela:
  • Tiene algún destello lingüístico: La muchacha levantó los ojos. Orlando vio que eran de un brillo que se observa a veces en las teteras pero muy rara vez en un rostro humano (160). Y alguna idea genial como la de explicar, al comienzo del capítulo 5 cómo La enorme nube que pendía no sólo sobre Londres, sino sobre todo el territorio de las Islas Británicas el primer día del siglo diecinueve (167) fue causa, entre otras muchas cosas, del nacimiento del Imperio Británico. O la siguiente ironía: con tal que piense en un hombre a nadie le parece mal que una mujer piense (197). Lo mismo para cierta concepción del amor: el amor -según lo definen los novelistas de género masculino-... nada tiene que ver con la bondad, la fidelidad, la generosidad o la poesía. El amor es quitarse las enaguas y... (197).
  • Tiene algún toque que recuerda el Quijote: 1º) Al llegar al comienzo del capítulo 3 el narrador nos hace saber que estaba leyendo la historia de Orlando en un manuscrito y que en mitad de la frase más importante el papel está chamuscado hasta lo ilegible (91) del mismo modo que en Quijote I,8, tras la aventura del vizcaíno, el autor dice quedarse interrumpido porque el manuscrito en el que se basaba no continúa. 2º) Y el mismo afán de veracidad de que hace gala el narrador del Quijote cuando narra las aventuras del caballero a pesar de que puedan parecer inverosímiles, vuelve a aparecer aquí: la Verdad, la Franqueza y la Honradez, austeras diosas que hacen la guardia junto al tintero del biógrafo, gritan: ¡La Verdad!, y por tercera vez retumban en concierto: ¡La Verdad y sólo la Verdad! (101).
  • Véase la curiosa coincidencia entre dos frases. Dice esta novela: abrió los ojos, que habían estado abiertos todo este tiempo (80). Y dice Pessoa por boca de Álvaro de Campos en la Oda Marítima: E abro de repente os olhos, que não tinha fechado.