Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



lunes, 28 de julio de 2014

Leopoldo Alas "Clarín", La Regenta, I



"Clarín", Alas, Leopoldo, La Regenta (Espasa-Calpe, Madrid: 1984, edición e introducción de Mariano Baquero Goyanes)
Releemos la novela de cara a la discusión que sobre ella, en relación a Madame Bovary, se llevará a cabo en el club de lectura de Ciudadela el próximo 18 de octubre. Y nos limitaremos a tomar notas de lo que consideramos más destacado dando por supuestos los rasgos generales de la obra. Exponemos en primer lugar las ideas que nos sugiere el prólogo de Mariano Baquero:
  • Vale la pena, sin embargo, detenerse en un rasgo general: la novela está concebida a partir del vaivén de Ana Ozores, entendido éste como oscilación entre la religiosidad que siente al verse influida por el Magistral y la atracción física por Álvaro Mesía. Visto así, la novela tiene un cierto diseño triangular que se puede apreciar, por ejemplo, a partir del espacio: la catedral, o ámbito de don Fermín;  el casino, o ámbito de Álvaro Mesía; y el palacio de los marqueses de Vegallana donde don Fermín y Mesía acosan a su presa, Ana Ozores.
  • Anota el editor (p. 16) que tanto la Regenta como Emma Bovary sufren influencia de sus lecturas. Santa Teresa, Chateaubriand, San Agustín en el caso de Ana Ozores: esos autores afectan a su sensibilidad en tanto hacen patente el desajuste sus ideales y su entorno. Y ello hace que el personaje remonte a don Quijote.
  • Es digno de comentario el motivo del sapo, asociado siempre al asco: la primera vez aparece durante el paseo de Ana Ozores con Petra; Petra, al ver ensimismada a la Regenta, ha acudido un momento a visitar a un primo suyo con el que tiene amores: Un sapo en cuclillas miraba a la Regenta encaramado a una raíz gruesa... Lo tenía a un palmo de su vestido. Ana dio un grito. Tuvo miedo... /-¡Petra! ¡Petra! / La doncella no respondía. El sapo la miraba con una impertinencia que daba y un pavor tonto. / Llegó Petra. Venía sudando, muy encarnada, con la respiración fatigosa... Como había visto tan ensimismada a la señora, se había llegado al molino de su primo Antonio... / Su primo Antonio, el molinero, estaba enamorado de la doncella; el ama lo sabía... "¿Cómo serían aquellos amores de Petra y el molinero?... la manera de mirar a Petra, estudiando los pormenores de su traje, algo descompuesto, la fatiga que no podía ocultar, el sudor, el color de sus mejillas, revelaba una curiosidad que quería ocultar en vano la Regenta. "¿Qué habría hecho en el molino aquella mujer?".../ Si no te hubieras detenido en la fragua de tu primo.../ -¿Qué fragua? Es un molino, señora. / A Petra le supo a malicia lo que era una equivocación (272). Más tarde aparece con motivo de la asistencia a la representación de Don Juan Tenorio en el teatro: Don Juan, don Juan, yo lo imploro / de tu hidalga condición.../  Estos versos, que ha querido hacer ridículos y vulgares, manchándolos con su baba, la necedad prosaica, pasándolos mil y mil veces por sus labios viscosos como vientre de sapo, sonaron en los oídos de Ana aquella noche como frase sublime de un amor inocente y puro que se entrega con la fe en el objeto amado (439). Luego surge en una comparación del Magistral con su enemigo Glocester: ¡Aquel sapo, aquel pedazo de sotana podrida...! (600); pero en ese mismo capítulo, al saberse Ana deseada por el Magistral, se estremeció como al contacto de un cuerpo viscoso y frío... sintió asco (605). Y por fin, en la escena final con el beso de Celedonio: Había creído sentir sobre la boca el vientre viscoso y frío de un sapo (743). Y es de notar, sin embargo, que cuando Ana pasea del brazo de Frígilis, el único que la apoyará al final, los sapos no se aprecian negativamente: Los sapos cantaban en los prados... y Ana, apoyándose tranquila en el brazo fuerte del mejor amigo... (492).
  • Los paralelismos entre el comienzo y el final en estructura circular de octubre a octubre como dando a entender que el conflicto de la Regenta poco importa o no ha provocado variación en la indiferente Vetusta: El viento Sur, caliente y perezoso, empujaba las nubes blanquecinas (121); Llegó octubre, y una tarde en que soplaba el viento Sur, perezoso y caliente... (740). Parecida función cumple la presencia de Celedonio abriendo la novela (Celedonio, ceñida al cuerpo la sotana negra, sucia y raída [122]) y luego cerrándola con el beso a la Regenta. Incluso se prepara su caracterización para producir mayor asco en relación con el sapo: Celedonio... pasaba del feo tolerable al feo asqueroso... se podía adivinar futura y próxima perversión de instintos naturales provocada ya por aberraciones de una educación torcida... gesticulaba como hembra desfachatada (125); a ello se vuelve en la escena final: Celedonio sintió un deseo miserable, una perversión de la perversión de su lascivia:... inclinó su rostro asqueroso sobre el de la Regenta y le besó los labios (743).


jueves, 24 de julio de 2014

Javier Marías, Mañana en la batalla piensa en mí

Marías, Javier, Mañana en la batalla piensa en mí (Alfaguara, Madrid: 1998)
Una buena novela como se espera del autor. Lo que no entiendo es cómo la empecé hace más de diez años, la dejé sin acabar y ahora la he leído de un tirón.
Curiosa la anécdota que la provoca: una cita galante en el piso de una mujer, Marta, cuyo marido está de viaje en Londres; ella acuesta a su hijo de corta edad y, cuando va a encamarse con el narrador-protagonista, se encuentra indispuesta y acaba muriendo con problemas tales para el protagonista como qué hacer con el niño.

domingo, 20 de julio de 2014

Luis de Aldrete y Soto, Papeles sobre el agua de la vida y el fin del mundo


Aldrete y Soto, Luis de, Papeles sobre el agua de la vida y el fin del mundo (Editora Nacional, Madrid: 1979)
Un libro adquirido con el anhelo imposible de completar la Biblioteca de Visionarios, Heterodoxos y Marginados, colección que lanzó en dos series y hace bastantes años la Editora Nacional con portadas tan curiosas como la que se ve a la izquierda. Lástima que la editorial cerrara, o restringiera su actividad a la publicación del B.O.E., porque en sus tiempos era la única que podía aventurarse a publicar textos de interés bastante limitado.
El tema de la obra está bastante alejado de lo que yo suelo leer y -sospecho- también de la actualidad. Como que de lo que trata es de medicina con muchas y curiosas derivaciones hacia la alquimia, la astrología, la teología... En efecto: su autor, un médico malagueño del XVII, trata de defender un líquido de su invención, ese al que el título se refiere como agua de la vida, con argumentos que van desde lo bíblico hasta lo histórico. Entresacaré, así pues, lo más destacable:
  • Aparte de lo que expondrá sobre su agua de la vida, el autor escribe en 1677 una explicación de las prophecías de san Malachías... en la subcessión de los reyes de España, cotejadas con dos conjunciones de Saturno..., a quienes precederán a cada una dos eclipses de luna bien notables (51). Pues bien, de esos dos eclipses tan grandes de Luna, significadora de los moros deducirá que España hará que sus enemigos declarados sean... sujetos por cautiverio... que su religión falsa la destruyan los españoles (64).
  • En ejercicios de erudición caótica cita cientos de fuentes y, entre ellas, a Apolonio de Tiana, cuya vida leímos en la Biblioteca clásica de Gredos y tenemos pendiente de reseña. Y lo cita para mal comparándolo casi al Anticristo: Fundó... Zoroastro... escuelas desta maldita doctrina. En ellas aprendieron Platón, Pytágoras y Apolonio Tyaneo, que fue (después de la muerte de Christo Redentor Nuestro) el que hizo harto daño a la Religión Católica con sus supersticiosas y diabólicas artes (90). Y además: Apolonio Tyaneo (es) el mayor hechicero y enemigo de la Religión Católica (92). Pero ya digo: leída la obra de Apolonio, en ningún momento se sigue eso, que es un sabio que va hacia la India en busca de conocimiento. En cuanto a Platón parece contradecirse después cuando, haciéndose eco de una leyenda expandida desde la Antigüedad, recoge una cita de san Jerónimo que casi lo compara con Jesucristo: "...Perictone, madre de Platón, fue abrazada de una ilusión o sombra de Apolo; y no por otra cosa sino por haber nacido de doncella, fue el Príncipe de la Sabiduría" (166).
  • En el mismo orden de disparates afirma lo siguiente: Por siete conjecturas legales del Apocalipsis, que hacen plena probanza, consta que San Vicente Ferrer fue el Quinto Ángel del Apocalipsis (122).
  • Del mismo modo, discute sobre la ubicación del paraíso terrenal según se sigue de la aprobación que hizo Antonio de Ron de los textos de Luis de Aldrete: hay dos Tierras; una inferior y pesada, que es ésta que habitamos; y otra superior, y sutilísima, que tiene su lugar en lo Alto, que es aquella donde afirma Don Luis estuvo el Parayso (336).
  • Dato curioso en otro orden de cosas es una anécdota que cuenta el autor y que recuerda a algunos pasajes de su casi contemporáneo Quevedo: Oí en cierta ocasión reñir a dos médicos sobre la salud de un enfermo; y dijo el que tenía más autoridad al otro: "él no es médico hasta que no tenga tantos como yo tengo por esos cimenterios" (155).
  • En lo que se refiere ya al agua de su invención dice que tomada en debida proporción, y en vehículo apropiado al achaque, en tres, o quatro horas libra al Niño, y al Grande del afecto, y daño que padece: Sana las Viruelas, la Epilepsia, Alferezía, Apoplexía y otros achaques (76).
  • Se opone de forma vehemente a la extendida costumbre de sangrar a los enfermos: Es la sangría invención de la sutileza del Demonio. Un veneno peor que narcótico, que alivia los dolores introduciendo la debilidad y muerte (174). O también: La sangría no mira a la raíz de la enfermedad, por no ser la plenitud ni el calor origen de ella. Luego es abuso, yerro e ignorancia el de las sangrías (291). Y presenta una alternativa con base en la magia homeopática, el agua de amapolas porque a la flor, por su color, la señaló el Altísimo para enseñar que en ella consiste la verdadera sangría; pues sin cisura ni sacar espíritus purifica la sangre por los órganos de los poros (178).
Libro, pues, curioso como todos los de la colección y que responde claramente a su título en tanto Luis de Aldrete es, en efecto, un visionario.

miércoles, 16 de julio de 2014

Vientos y velas (Concurso de relatos Bubok, XLV [el siglo XVIII])

Entra en la alcoba y besa a sus dos hijos en la frente procurando no despertarlos. Sale al patio, arranca un limón, verde aún, del limonero y se lo mete en la faltriquera. Mira al cielo por el lado de tramontana. Una nube, una sola, pequeña y de algodón: quisiera guardársela también y liberarla al volver a poner los pies en el muelle. Ya en la puerta se despide de su mujer:
-Te traeré el mejor vestido del mejor mercado.
-No quiero que me traigas nada, lo que quiero es que vuelvas.
Pasa frente a la iglesia del Carmen y vuelve la vista hacia la casa de los Meliá. Es pronto aún y hasta las once las dos hermanas no saldrán al mirador a vigilar quién va y quién viene por la calle mientras bordan el ajuar. Baja por las revueltas que llevan al puerto, recorre el muelle y ahí está su jabeque. Le acaricia el costado, brillante de sebo, salta dentro y ordena el tiro de leva para avisar de la pena de cincuenta pesos de plata que caerá sobre quien no esté a bordo antes de tres horas. Vuelve al muelle y se sienta en un noray a fumar. Es el 25 de abril de 1780.

El 16 de junio de 1779, por la convención de Aranjuez, España, aliada con Francia, se pone del lado de las colonias americanas, en lucha por su independencia de la metrópoli, y declara la guerra a Inglaterra. Llegada la noticia a Menorca, por entonces bajo dominio inglés, su gobernador sir James Murray decide conceder patentes de corso a favor de armadores menorquines contra todo tipo de barcos españoles y franceses.
Pons y Taltavull oyen el disparo en su camino desde el arrabal nuevo de San Felipe mientras cruzan entre huertos con norias. Como tienen tiempo deciden tomar el camino más largo para así parar en la taberna a mirarle el escote a Teresa. Cuando bajan por la cuesta de cala Figuera hacia el muelle de levante oyen voces, griterío y jolgorio que vienen del agua. Son dos barcas pequeñas, de las que llaman gussis, con críos dentro remando hacia la isla del Rey. Se fijan y ven frente a las barcas una mancha blanca que se mueve por la superficie del agua. También ellos habían jugado a lo mismo: un trozo de madera hueco, un palo hincado en el centro, otro perpendicular y un trozo de tela clavado a modo de vela. Y a correr detrás.
Antes de entrar en la taberna ven al capitán a lo lejos, al pie del barco, hablando con una mujer y un niño:
-Parece la viuda de Moll, el que murió de fiebres el año pasado en Gibraltar. Ahora anda arrimada a Carasucia.
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En el momento del disparo, los hermanos Femenías están entrando por el lado contrario del puerto, por el muelle de poniente. Han salido de Alayor al alba por el camino d'en Kane y sólo han parado un momento, a la sombra de una pared seca poco antes de la encrucijada con el camino hacia Addaia y Fornells, para comer lo que su madre les había echado en la talega. Es su primera salida en corso pero su hermano mayor, que volvió con dinero y por eso ahora festeja, habló de ellos con el capitán y los admitieron en la tripulación. Han de recorrer el muelle hasta encontrar el barco:
-El Halcón se llama; y tiene tres palos.
Soldados ingleses, marineros, pescadores, redes al sol, olor a puerto. Encuentran el jabeque mientras la viuda de Moll sigue hablando con el capitán:
-He puesto un cirio en el Carmen para que volváis todos y mi hijo con vosotros.
Cuando el niño consigue zafarse de los besos de su madre sube corriendo a bordo.
-¿Y vosotros quienes sois?
-Tomeu y Biel Femenías.
-Presentaos al escribiente.
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Recasens, el escribiente, está sentado en popa. Sostiene entre las piernas un cuaderno abierto con la nómina de los ciento veinte miembros de la tripulación y va anotando una marca a medida que se presentan ante él. De Tarragona y jesuita exclaustrado, es de los que no tiembla cuando oye un cañonazo. Porque el primero lo oyó en Civitavecchia la primavera del año 67 cuando el Papa recibió así a los jesuitas expulsados por Carlos III para disuadirlos de desembarcar en los Estados Pontificios. Vuelta atrás hacia Córcega y nueva prohibición de desembarco esta vez por parte de la República de Génova, entonces soberana de la isla. Tres meses dando vueltas hasta que les permiten poner pie en tierra tras las negociaciones diplomáticas entre españoles y genoveses. Recasens, harto ya de penurias, pasea un día por el puerto de Bastia y oye marineros que hablan como él pero con música. Les pregunta hacia dónde van, contestan que a Argel y luego a Mahón, les pide que lo lleven a cambio de trabajo y el capitán, al verlo demacrado, accede. Ahora navega con el hijo de aquel capitán, no ha vuelto a poner los pies en la península y también habla con música.
-¿Y tú cómo te llamas?
Pero el niño no está escuchando. Apoyado en la batayola de babor, ha visto los gussis, que ahora persiguen a la barquita frente a la isla d'en Pinto, reconoce a alguno de sus compañeros de juegos y reclama su atención gritando y gesticulando para provocarles la envidia al verlo a bordo de un velero de verdad.
Los hermanos Femenías pasan por detrás de él hacia el escribiente, dirigen la vista hacia lo que parece atraer la atención del niño y sólo ven los gussis. Su pueblo no es de tradición marinera y su juego preferido de niños era el del aro. En la punta de una vara se enrollaba un alambre que acababa en un gancho; cogido de él había que llevar el aro, extraído de alguna cuba podrida, rodando por las calles del pueblo sin que se cayera.
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Tudurí viene corriendo por el muelle cuando el capitán da la orden de soltar amarras. La mayoría de marineros se santigua y los hermanos Femenías se llevan a los labios el escapulario con la imagen de la Virgen de monte Toro que su madre les ha colgado del cuello. Recasens anota el retraso de Tudurí con su pena de cincuenta pesos de plata, cierra el cuaderno y se pone en pie. Mira por estribor las casas blancas en lo alto y, al volver la vista a babor, ve también a los niños de los gussis, que ahora reman desde la isla d'en Pinto hacia la Punta porque su barquita ha virado inesperadamente. No sabe si en Tarragona los hijos de los pescadores juegan a lo mismo; él vivió de niño en un caserón de la parte alta y su madre nunca lo llevó a la marina.
El capitán va a proa, se apoya en el palo de trinquete y manda a toda la tripulación prestar atención mientras el primer teniente lee las normas de a bordo:
-Que no se puede salir del barco sin permiso del capitán. Que la parte que corresponda a quien busque discordia o alboroto a bordo, o se embriague o se comporte de forma cobarde, se aplicará al resto de la tripulación...
El capitán se da la vuelta y mira al frente, hacia la Punta. No puede evitar ver, porque resalta moviéndose en el agua, la tela blanca de la barquita algo a babor. Oye también las voces de los niños que la siguen y se gira hacia ellos.
-¡A nado tendríais que perseguirla como yo cuando tenía vuestra edad!
Los niños gritan y gritan todos a la vez y, como no consigue entenderlos, vuelve la vista al frente. En ese momento ve la barquita que viene derecha hacia el barco. Se gira atrás en un acto reflejo de dar al timonel la orden, imposible e inútil, de virar a estribor y siente una punzada en el corazón cuando oye un leve crujido bajo la quilla.

sábado, 12 de julio de 2014

Pink Floyd, Another Brick in the Wall

Impresionante, cómo no, Another Brick in the Wall de Pink Floyd, a partir del fragmento de la película The Wall (1982). Más impresionante aún ahora que todos nos hemos convertido en ladrillos en la pared.

martes, 8 de julio de 2014

Ovidio, Las metamorfosis, Libro II

La caída de Faetón, Johann Liss
Continuamos en esta entrada, dedicada al libro II de Las metamorfosis, la serie empezada aquí.
  • Y terminaba el libro I con Faetón viajando a oriente en busca de Febo para saber de él si es su verdadero padre. Se produce el encuentro de Faetón con Febo, éste dice ser su verdadero padre y, para probarlo, promete concederle el don que pida. Faetón pide que le ceda el gobierno del carro del sol y lo consigue a pesar de los ruegos de su padre para que desista de tal idea y a pesar de haber sido avisado de que ni Júpiter sería capaz de guiar el carro: et quid Iove maius habemus (62). Será soberbia, pues, el empeño de Faetón y a su padre sólo le queda aconsejarle para llevar a buen término la empresa. Por supuesto, Faetón fracasa porque, al pasar junto a la constelación de Escorpio, teme las pinzas de éste, suelta las riendas y el carro pierde altura y provoca el calentamiento de amplias zonas de la tierra y del mar; ésa será la causa de la tez morena de los etíopes: Sanguine tum credunt in corpora summa vocato / Aethiopum populos nigrum traxisse colorem (235-236). Al ver Júpiter el desastre, decide fulminarlo: intonat et dextra libratum fulmen ab aure / misit in aurigam pariterque animaque rotisque / expulit et saevis conpescuit ignibus ignes (311-313). Cae así Faetón en el río Erídano y las ninfas lo sepultan y le dedican un epitafio. Tras ello, acuden las Helíades, hermanas de Faetón a llorarlo y acabamos por asistir a su transformación en árboles; no vemos que el texto identifique el tipo de árbol pero alguna otra tradición los quiere álamos (Virgilio, Eneida, X,189): haec stipite crura teneri / illa dolet fieri longos sua bracchia ramos, / dunque ea mirantur, complectitur inguina cortex / perque gradus uterum pectusque umerosque manusque / ambit (351-355). Acude también a lamentarse su hermanastro y compañero Cicno y, por odio al fuego con que Júpiter ha fulminado a Faetón, acaba convertido en un ave acuática, el cisne: cum vox est tenuata viro canaeque capillos / dissimulant plumae collumque a pectore longe / porrigitur digitosque ligat iunctura rubentis, / penna latus velat, tenet os sine acumine rostrum. / fit nova Cycnus avis (373-377).
  • Tras ello Júpiter repasa cómo ha quedado el mundo tras el curso erróneo del sol y, al reponer la vegetación en la Arcadia, cae enamorado de Calisto, doncella del cortejo de Diana. Decide seducirla y, para ello, transformarse en la misma Diana (induitur faciem cultumque Dianae [425]); entabla así conversación con Calisto y la abraza y besa en escena claramente lésbica: et sibi praeferri se gaudet et oscula iungit / nec moderata satis nec sic a virgine danda (430-431); hasta que Júpiter acaba forzándola y huye al cielo. Reunida más tarde Calisto con el cortejo de Diana, acaba descubriéndose su embarazo cuando no quiere desnudarse para bañarse y sus compañeras la desnudan. Por fin da a luz a Arcas; Juno, celosa, para que no vuelva a atraer a su marido decide transformarla en osa aunque conservando pensamiento humano: bracchia coeperunt nigris horrescere villis / curvarique manus et aduncos crescere in unguis / officioque pedum fungi laudataque quondam / ora Iovi lato fieri deformia rictu /.../ mens antiqua tamen facta quoque mansit in ursa (478-481 y 485).
  • Al alcanzar Arcas la edad de quince años y andando a la caza, topa su madre, transformada en osa; ésta lo reconoce pero al no reconocerla él e intentar matarla, Júpiter, para evitarlo, los transforma en estrellas(1)sustulit et pariter raptos per inania vento / imposuit caelo vicinaque sidera fecit (505-506). Juno, entonces, habla con las divinidades marinas para que éstas prohíban a esas estrellas bañarse en el agua. Obtenido el favor, vuela al cielo en un carro adornado con pavos reales pintados por el tiempo en que los ojos de Argos pasaron a la cola del pavo real, esto es, por el tiempo también en que los cuervos cambiaron su color de blanco a negro; y de ello tratará la siguiente historia, la de Coronis.
  • Coronis es la muchacha más bella de Hemonia y atrae por su castidad a Apolo. Pero el ave de Apolo, el cuervo, la descubrió en falta de castidad y fue corriendo a contárselo a su amo. Coronis cuenta cómo fue pretendida y perseguida por Neptuno y cómo, para protegerla, Minerva la transforma en corneja: tendebat bracchia caelo: / bracchia coeperunt levibus nigrescere pennis (580-581); se compara  con Nictimine, transformada en lechuza por haber cometido incesto con su padre: quid tamen hoc prodest, si diro facta volucris / crimine Nyctimene nostro successit honori? (589-590). Pero el cuervo acaba por delatarla ante Apolo por haber tenido amores, de los que quedó embarazada, con un muchacho de Hemonia y Apolo la mata atravesándola con una flecha.
  • En última instancia, ya muerta Coronis, consiguen extraer de su cuerpo a su hijo Esculapio y lo
    Quirón
    entregan, para educarlo, al centauro Quirón que, a su vez, tiene una hija, Occírroe, que ejerce el arte de la adivinación y vaticina el sufrimiento de su padre por pisar las flechas de Hércules untadas con sangre de la Hidra. Por ello merece el castigo de ser privada de voz y ser transformada en yeguaiam cibus herba placet, iam latis currere campis / impetus est: in equam cognataque corpora vertor (662-663). Quirón llora invocando inútilmente a Apolo.
  • Porque éste, Apolo, andaba apacentando su ganado por la Élide. Sin embargo, mientras hace sonar la zampoña pierde su ganado y Mercurio, que andaba espiándole, lo recoge y lo esconde. El anciano pastor Bato, que apacentaba yeguas, se da cuenta y Hermes le promete, a cambio de no descubrir el escondite, una vaca. Pero al poco vuelve Hermes vestido de pastor, pregunta a Bato por el rebaño perdido prometiéndole dos vacas si da cuenta de él y, como Bato indica dónde está escondido, Mercurio lo castiga transformándolo en piedravertit / in durum silicem (705-706).
  • Tras ello Mercurio vuela a Atenas y ve tres doncellas ofreciendo un sacrificio a Atenea entre las que destaca en belleza Herse. Mercurio habla con Aglauros, hermana de Herse, para que oficie de tercera en sus amores pero Atenea provoca la envidia de ésta, que trata de impedir el matrimonio entre Mercurio y Herse. Como consecuencia, Mercurio acaba transformándola en piedra: saxum iam colla tenebat, / oraque duruerant, signumque exsangue sedebat; / nec lapis albus erat : sus mens infecerat illam (830-832).
  • Tras ello, Mercurio parte y llega junto a Júpiter, que lo manda al Líbano a apacentar las vacas del ganado real al lugar donde, en la ribera del río, juega la hija del rey Agenor con otras doncellas. Así lo hace Mercurio mientras Júpiter se transforma en toro: iuduitur faciem tauri mixtusque iuvencis / mugit et in teneris formosus obambulat herbis (850-851). Y el toro es tan hermoso que la hija de Agenor, Europa, se acerca a contemplarlo, se monta en él y Júpiter se la lleva a través del mar.
El rapto de Europa, Rembrandt

1. Es interesante saber que esa peculiar transformación en estrella recibe el nombre de catasterismo.

viernes, 4 de julio de 2014

Sándor Márai, La mujer justa

Márai, Sándor, La mujer justa (Salamandra, Barcelona: 2005)

Esta estructurada a partir de la técnica llamada quizá contrapunto quizá pluriperspectivismo: una misma historia narrada desde tres puntos de vista: el de la mujer divorciada, el del marido, el de la nueva mujer. Hay otros casos: el puramente anecdótico de La colmena donde una conversación telefónica es presentada desde el ángulo de uno de los interlocutores y, páginas después, desde el ángulo del otro; o el más claro de la película Rashomon (1950) de Kurosawa, a su vez basada en un cuento japonés en el que un bandido mata a un samurai y viola a su mujer: se nos narra la acción desde el punto de vista del bandido, de la mujer, de un criado que lo ve todo y del mismo samurai a través de una médium; y hace poco reseñamos una obra dramática catalana de muy segundo orden, E.R., donde ocurre lo mismo.