Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



martes, 28 de octubre de 2014

John le Carré, El honorable colegial

John le Carré
le Carré, John, El honorable colegial (Bruguera, Barcelona: 1981)
Proseguimos aquí con la lectura de la serie del autor dedicada a Smiley y Karla que iniciamos con esta reseña de El topo. Y en esta novela de lo que se trata es, por decirlo de algún modo, de recoger las sobras que han quedado del Circus tras la identificación de Bill Haydon como el topo de Moscú que, si bien es mérito de George Smiley, éste nunca lo concibe como una victoria sino casi al contrario.
Destaco algunos aspectos:
  • Si en la anterior novela Smiley actuaba oficiosamente desde fuera del Circus, aquí ya está plenamente integrado y va a ser el cerebro total de una compleja operación en la que se tratará de averiguar la causa por la que desde Moscú Karla envía grandes cantidades de dinero a Hong Kong. Del mismo modo, personajes que en El topo tenían carácter secundario aquí alcanzan mayor categoría: así Connie Sachs, verdadero archivo viviente; o Jerry Westerby, que pasará a ser el protagonista o, al menos, a tener bajo su cargo la verdadera acción.
  • A partir de ello podíamos decir que es una novela concebida a partir de dos ejes: el de la reflexión y el de la acción. Así, de la parte de la reflexión, la labor en Londres alrededor de Smiley y otros personajes: Connie Sachs, Oliver Lacon, Peter Guillam, di Salis..., los políticos de Whitehall, los llamados 'primos americanos' de la CIA...: su labor consiste en el análisis de documentos, la búsqueda en archivos, las reuniones para decidir. Del lado de la acción, el trabajo casi en solitario de Jerry Westerby en Hong Kong pero con rápidos viajes a Camboya, Laos, Tailandia, con sus paisajes bélicos, para acosar y acorralar a un multimillonario chino: ahí, chantajes, asesinatos, atentados... Y curioso es uno de los reflejos de esos dos ejes de la novela: mientras los de Londres no paran de beber té, Jerry Westerby y los personajes con los que se relaciona se enfrentan a alcoholes duros como el coñac o el whisky.
  • No falta, porque no puede faltar en ninguna novela con Smiley -cuyo nombre nos preguntamos si está irónicamente motivado- el característico modo que tiene de limpiarse las gafas: tenía el vicio de limpiar distraídamente los cristales de las gafas con el extremo más ancho de la corbata (65); se quitó las gafas, y... volvió a dar vida a su leyenda de limpiar los cristales con el extremo ancho de la corbata (357); Smiley limpiaba los cristales de sus gafas utilizando al efecto el extremo ancho de la corbata (407); los observadores habían advertido que Smiley dedicaba mucho tiempo a... limpiar los cristales de las gafas con la corbata (664). Incluso se toma nota si una vez no es así: se quitó las gafas y limpió los cristales, y, por una vez en la vida, no lo hizo con el extremo ancho de la corbata sino con un pañuelo de seda (88).
  • Hay un momento previo a la acción final en el que un agente de la CIA, Murphy, está describiendo sobre un mapa cómo van a desarrollarse los acontecimientos. Dice el texto: Parecía que Murphy estuviera describiendo la maquinaria de una aspiradora, lo cual, a juicio de Guillam, daba mayor fuerza hipnótica a su actuación (571). Pues bien, a quien conozca Nuestro hombre en La Habana (1958) de Graham Greene no se le escapa el guiño u homenaje porque en esa novela se trata precisamente de un espía británico que envía planos de aspiradoras haciéndolos pasar por planos de bombas y merece crédito por parte de los servicios secretos.

viernes, 24 de octubre de 2014

Marta y Ester

A partir de ahora, la primera parte de la historia de Ester y Marta, es decir, sus aventuras en el tren, ha sido enviada a otro blog, en concreto aquí y en forma de página, es decir, con un texto continuado; y sin ilustraciones. Sin embargo, he mantenido en este blog aquellas entradas que merecieron comentario. Y ello por respeto a los comentaristas.
Ello supone que hay una segunda parte correspondiente a las aventuras ya fuera del tren y de la que ya están elaboradas unas 400 secuencias. Seguramente, aparecerá también en ese otro blog.

lunes, 20 de octubre de 2014

Stefan Zweig, Las hermanas

Zweig, Stefan, Las hermanas (Quaderns Crema, Barcelona: 2011)
Un relato corto de Stefan Zweig, autor de otra obra de la que ya publicamos aquí una reseña.
El argumento es sencillo: es la historia de dos hermanas gemelas, Helena y Sophia, de caracteres opuestos y heredados respectivamente de sus padres: Helena es desmesurada como su padre y Sophia, virtuosa como su madre.
Destacaremos varias notas:
  • La historia se presenta a partir de dos narradores internos. Mejor explicado: un narrador interno de resonancias cervantinas (En algún lugar en una ciudad meridional, cuyo nombre preferiría no mencionar, me sorprendió [5]) topa con un edificio coronado por dos torres gemelas y, curioso, interroga al respecto a un ciudadano de rojas mejillas que en aquel preciso instante tomaba un vaso de vino del color de la paja en la terraza de un pequeño café (5). Éste último será quien cuente la historia de las dos hermanas. Véase  la frase final del relato: el pueblo... no quería olvidar la indecorosa leyenda de las dos hermanas iguales-desiguales que me contó aquel honrado ciudadano a la luz de la luna de medianoche, puede que un poco animado por el vino (61). Dos notas al respecto: 1ª) Los dos narradores están insertos uno en otro o, más bien, el segundo dentro del primero en una estructura como de muñecas rusas. 2ª) El motivo del vino, pesente simétricamente al principio y al final del relato e incluso como palabra última sugiere que parte o todo el contenido del relato puede haber sido mera invención del segundo narrador.
  • Las dos hermanas gemelas, Helena y Sophia -¿por qué no Sofía si el autor se llama Stefan y no Stephan?- se caracterizan opuestamente a partir de sus nombres: Helena en referencia a la de Troya  y su belleza, que la lleva a la perdición; Sophia, desde un rasgo interior, la sabiduría que, en este caso, se traduce en sensatez. Se emparentan así con pares de hermanos opuestos, gemelos o no: Caín y Abel, Jacob y Esaú, Eteocles y Polinices, Rómulo y Remo...
  • El comportamiento de una y otra es opuesto: Helena vende su cuerpo por dinero, regalos, lujo; Sophia se dedica a la caridad. Aparte de dar juego para la confusión y que quienes gozan a la primera quieran también gozar a la segunda, tal oposición lleva quizá al tema del Doppelgänger, del doble, del desdoblamiento. En tanto gemelas se les puede puede atribuir una misma personalidad desdoblada como la del doctor Jekyll y Mr. Hyde, o Superman y el tímido periodista Clark Kent...
  • Es significativa la prueba a que se somete Sophia en exceso confiada en su castidad y cuyo resultado es el que espera Helena: sustituye a ésta segura de no caer en brazos de un galán y, sin embargo, cae. La idea que subyace es la fragilidad de todo pero por fin va a darse un final en doble dirección: en primer lugar, con esa victoria del vicio; en un segundo tiempo, con una vuelta de tuerca a base del arrepentimiento de las dos hermanas y la victoria de la virtud; de ahí ese edificio del principio con las dos torres y en el que las dos hermanas se gastan todo lo que habían ganado.

jueves, 16 de octubre de 2014

Aiden Ashley: otro paseo por su cuerpo

Hace ya casi dos años que prometí no volver a Aiden Ashley. Y desde entonces he vuelto a ella otras tres veces: bien comparándola con otras, bien junto a mi también admiradísima Sinn Sage, bien hablando de la mitad inferior de su cuerpo comparado a la mitad inferior de esta última.
Vuelvo, pues, a Aiden Ashley, que anda ya - o aún, por los veinticinco años. ¿A que tiene una cara angelical? Véasela en la foto de la izquierda: niña buena, natural, y ese cutis tan blanco...
Bueno, pero se le puede ver un poquito más. Aún da más de sí antes de entrar en sus desnudeces totales. Ahora, a la izquierda una foto decente de su mitad superior en actitud de quitarse la blusa. Perfecta: lisa de vientre, cuerpo bien presentado para el posado, pechos de tamaño suficiente... Y se le disculpa el color Cuaresma de los sostenes porque, al parecer, le hacen juego con la blusa. La conclusión provisional no puede ser otra: cara perfecta y perfecta de cadera hacia arriba. Permite, incluso, plantear la hipótesis de que todo lo demás que le encontremos seguirá siendo perfecto.
Avancemos: se cumple la expectativa. Coloración de la piel uniformemente blanca. Pies bonitos. Brazos y piernas bien contorneados. Pechos bonitos. Y, sobre todo, culo pluscuamperfecto en el sentido etimológico del término: mejor acabado no podría estar. Como que alguien que tuviera el privilegio de observarla así dudaría si situarse debajo de ella y agarrarla o encima y montarla. Y en ese segundo caso se repetiría la duda: si penetrarla por el conducto correcto o ensayarle lo que las Glosas Silenses llaman sodomitico more.
Y ahí vamos a dar a la principal virtud de la muchacha, a su rechazo de todo varón. Así se sitúa a la altura de la donna angelicata de la lírica renacentista italiana; y doblemente: por su cara angelical y por inalcanzable. Y es inalcanzable, ya lo hemos insinuado, porque es lesbiana: apréciese en la foto de la derecha cómo, mientras con una mano se acaricia el pecho, con la otra se mantiene abierta la flor para la chupada correspondiente.
Luego está su otra vertiente, la de exhibicionista, que gusta de abrir las piernas con la sola intención de mostrar todo el puturrú en plan niña traviesa como en la foto de la izquierda. Y la de pajillera, aunque, en los vídeos, le sale mucho mejor cuando lo hace al natural que cuando lo hace con esquema. Por fin diremos que tiene un solo fallo y es el afeitado del pubis, porque esta hembra adornada con una mata de pelo negro contrastándole sobre la piel del vientre...

domingo, 12 de octubre de 2014

Camilo José Cela, Viaje a la Alcarria

Cela, Camilo José, Viaje a la Alcarria (Espasa-Calpe, Madrid: 1967)
Curiosa la versatilidad del autor que sabe tocar, y bien, palos tan dispares como esa novela tremendista con toques picarescos que es La familia de Pascual Duarte en 1942 para, pasando por el cuaderno de viajes que nos ocupa en 1948 ir a parar a una obra de signo rupturista como La Colmena en 1951 y a otros muchos lugares después. Quizá sea así como se trabaja un premio Nobel.
En cuanto al Viaje a la Alcarria es exactamente eso, la descripción del recorrido, casi siempre a pie y después de haberse apeado del tren en Guadalajara, desde ahí hasta Pastrana. Curiosidades en el texto las hay a montones:
  • Que el autor, a imitación de César, hable de sí mismo en tercera persona: El viajero sigue, con su morral a costillas, carretera adelante (45). Con lo cual estamos ante una narración autobiográfica en tercera persona. Y nótese la curiosidad de que La familia de Pascual Duarte, en cierto modo, había estado en el punto opuesto, esto es, era una pseudoautobiografía en primera persona.

miércoles, 8 de octubre de 2014

John le Carré, El topo

le Carré, John, El topo (Bruguera, Barcelona: 1981)
En algún lugar de mi blog se dice que esta novela es una de mis cuatro lecturas preferidas. Porque, efectivamente, lo es. Y es un buen recurso para lo que, a lo cursi, llamo momentos de tribulación. ¿Qué hacer si el cerebro se le aleja a uno de sus derroteros?: quizá lo más útil sea jugar al dominó y, a base de calcular y recalcular fichas, volver a poner el cerebro en orden. Pero ¿qué hacer si, además, uno no tiene ganas de ver a nadie ni, por tanto, de jugar a dominó? Puede leer y traducir a los clásicos, y así lo empecé a hacer traduciendo el principio de la Apología de Sócrates, la de Platón, hasta acabar harto de ver participios o de oír a Sócrates llorar sobre que si él no habla bien sino que se limita a decir la verdad: lo que se reiría Nietzsche al leer tanta mariconada. Y el recurso final, para esos momentos de tribulación, digo, es volver a Le Carré, sobre todo al ciclo de Smiley y Karla. Y ya que estoy: apreciable la labor de la editorial Bruguera, en su tiempo, para la difusión de absolutamente todo.
Hablaba de volver a Le Carré. Y al ir leyéndolo, que llegue un momento en que uno se dé cuenta de que no sólo está pendiente de la intriga sino que está actuando como si se tratara -y ello no es falta de respeto- del mismísimo Quijote e ir buscando paralelismos y recurrencias en la arquitectura de la novela. Así por ejemplo, el comienzo lateral con la llegada de Jim Prideaux al colegio Thursgood sirve para introducir, de forma casi subrepticia, el tema de la infidelidad: Seis años atrás, poco antes de que súbitamente el padre de Thursgood se fugara con una recepcionista del hotel Castle... (15). Esa infidelidad anuncia el eje central de la novela, la infidelidad de Bill Haydon que, en tanto topo, pasa los secretos ingleses a los rusos. Pero infidelidad parecida la hay en el plano conyugal del protagonista George Smiley cuya mujer, coleccionista de amantes (5) en resumen de Carlos Pujol en la breve introducción, mantiene también una relación con el topo. Y a la inversa: cuando Jim Prideaux, que es quien sufre en sus propias carnes el doble juego del topo, llega a Thursgood, establece una estrecha relación con el alumno más aislado, Bill Roach, que se mantiene hasta el párrafo final de la novela cuando éste ayuda a Jim en sus ocupaciones. Fidelidad, pues, entre ambos, opuesta a la infidelidad anterior. Y no creo casual que tanto el traidor como este niño se llamen Bill: mismo nombre para opuesta caracterización. Ni casual es tampoco que en la última página el niño crea que Jim Prideaux ocupe su tiempo en cosas sin importancia (408) como remendar las redes de las porterías de fútbol (409); es metáfora de la labor de George Smiley tras el descubrimiento del topo: remendar las redes de espionaje que han quedado deshechas. Y fidelidad la hay también cuando Smiley, a pesar de que han prescindido de sus servicios en el servicio secreto, sigue siendo fiel a éste y se hace cargo de toda la investigación que llevará a desenmascarar al topo.
Y la intriga... No es una novela de espionaje a lo James Bond o Frederick Forsyth con acción y cambios continuos de espacio para deslumbrar al lector: a lo sumo, los episodios que hacen saltar las alarmas sobre la existencia de un topo, la estancia de Tarr en Hong Kong y la misión frustrada de Jim Prideaux en Checolovaquia. Lo demás, labor de despacho, de lectura de expedientes o interrogatorio para ir tirando del hilo. Y sin que se haga pesado, manteniendo constante la tensión.
Karla: ése va a ser el antagonista, más que el enemigo, de George Smiley en Moscú. Y aquí se produce su primer encuentro en forma de flash back: es en la prisión de Delhi. Smiley acude a ofrecerle cambiar de bando porque lo más seguro es que, si vuelve a Rusia, lo fusilen y Karla no le contesta una sola palabra. Pero hay un detalle: Smiley le ofrece tabaco, Karla no lo acepta pero cuando se marcha se lleva el mechero de Smiley, que era un regalo de su esposa: En circunstancias normales jamás le hubiera permitido que se llevara mi encendedor. Pero aquéllas, no eran circunstancias normales (238). Y el mechero actuará como prenda, como lazo de unión entre ambos porque volverá a aparecer en la última de las novelas de la serie, La gente de Smiley.
Y otros detalles curiosos como la forma en que Smiley se limpia las gafas con la corbata cuando está interrogando a alguien. O el robo de la correspondencia en Thursgood: primero el niño ve a su admirado Jim robar una carta dirigida a otra persona en la sala de profesores y mucho más tarde el narrador nos hace saber que es un procedimiento de Jim para verificar si su correspondencia está vigilada: éste echa a un buzón dos cartas simultáneamente, la una dirigida a sí mismo y la otra a otro profesor; si llegan al mismo tiempo es que su correspondencia no está vigilada.
En resumen, es una buena novela y espero que Le Carré ocupe ya un buen puesto en la historia de la literatura inglesa.

sábado, 4 de octubre de 2014