Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



viernes, 16 de enero de 2015

Stefan Zweig, Las hermanas

Zweig, Stefan, Las hermanas (Quaderns Crema, Barcelona: 2011)
Un relato corto de Stefan Zweig, autor de otra obra de la que ya publicamos aquí una reseña.
El argumento es sencillo: es la historia de dos hermanas gemelas, Helena y Sophia, de caracteres opuestos y heredados respectivamente de sus padres: Helena es desmesurada como su padre y Sophia, virtuosa como su madre.
Destacaremos varias notas:
  • La historia se presenta a partir de dos narradores internos. Mejor explicado: un narrador interno de resonancias cervantinas (En algún lugar en una ciudad meridional, cuyo nombre preferiría no mencionar, me sorprendió [5]) topa con un edificio coronado por dos torres gemelas y, curioso, interroga al respecto a un ciudadano de rojas mejillas que en aquel preciso instante tomaba un vaso de vino del color de la paja en la terraza de un pequeño café (5). Éste último será quien cuente la historia de las dos hermanas. Véase  la frase final del relato: el pueblo... no quería olvidar la indecorosa leyenda de las dos hermanas iguales-desiguales que me contó aquel honrado ciudadano a la luz de la luna de medianoche, puede que un poco animado por el vino (61). Dos notas al respecto: 1ª) Los dos narradores están insertos uno en otro o, más bien, el segundo dentro del primero en una estructura como de muñecas rusas. 2ª) El motivo del vino, pesente simétricamente al principio y al final del relato e incluso como palabra última sugiere que parte o todo el contenido del relato puede haber sido mera invención del segundo narrador.
  • Las dos hermanas gemelas, Helena y Sophia -¿por qué no Sofía si el autor se llama Stefan y no Stephan?- se caracterizan opuestamente a partir de sus nombres: Helena en referencia a la de Troya  y su belleza, que la lleva a la perdición; Sophia, desde un rasgo interior, la sabiduría que, en este caso, se traduce en sensatez. Se emparentan así con pares de hermanos opuestos, gemelos o no: Caín y Abel, Jacob y Esaú, Eteocles y Polinices, Rómulo y Remo...
  • El comportamiento de una y otra es opuesto: Helena vende su cuerpo por dinero, regalos, lujo; Sophia se dedica a la caridad. Aparte de dar juego para la confusión y que quienes gozan a la primera quieran también gozar a la segunda, tal oposición lleva quizá al tema del Doppelgänger, del doble, del desdoblamiento. En tanto gemelas se les puede puede atribuir una misma personalidad desdoblada como la del doctor Jekyll y Mr. Hyde, o Superman y el tímido periodista Clark Kent...
  • Es significativa la prueba a que se somete Sophia en exceso confiada en su castidad y cuyo resultado es el que espera Helena: sustituye a ésta segura de no caer en brazos de un galán y, sin embargo, cae. La idea que subyace es la fragilidad de todo pero por fin va a darse un final en doble dirección: en primer lugar, con esa victoria del vicio; en un segundo tiempo, con una vuelta de tuerca a base del arrepentimiento de las dos hermanas y la victoria de la virtud; de ahí ese edificio del principio con las dos torres y en el que las dos hermanas se gastan todo lo que habían ganado.

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