Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



viernes, 31 de julio de 2015

Antonia, III: La biblioteca de mi marido

Mi marido -ya lo dije hace días- no me deja tocar sus libros. Ni a mí ni a la chica sudamericana que viene los jueves a ayudarme. Ni siquiera pasarles el plumero por encima para quitarles el polvo. En total tiene trece libros en un estante que se hizo fabricar a medida. Los escogió de joven, antes de casarse conmigo, y me explicó que, dominando ésos, no necesita más.
Los tiene ordenados por épocas: el más antiguo, la Ilíada, a la izquierda; y el más moderno, Ana Karenina, a la derecha. Pero en medio de la estantería hay siempre dos huecos: uno corresponde al Quijote, que está siempre sobre la mesita frente al sofá porque lo lee constantemente a ratos perdidos; y el otro depende del mes, que, como ahora estamos en noviembre, tiene en su mesita de noche las Rimas de Bécquer y el mes que viene tendrá el último libro, Ana Karenina. Y así más o menos va variando cada mes su lectura para antes de dormir.
Eso no quita, por supuesto, para que, mínimo cada dos días, nos pongamos en lo nuestro. Y por eso contaba lo que estoy contando: porque no es de los que caen dormidos en seguida sino que coge el libro en cuanto yo me doy la vuelta. Y me lee en voz alta hasta que calcula que ya estoy dormida. Ya he dicho que le toca Bécquer. Esta noche, pues, se me cerrarán los ojos como ayer o como en noviembre pasado oyendo esos versos con salones de ángulos oscuros, pupilas azules, poesía eres tú…

lunes, 27 de julio de 2015

Antonia, II: Mis soledades femeninas

(Otro ejercicio tonto para la página www.tusrelatos.com, el segundo de la serie protagonizada por Antonia)

He oído de mujeres que fingen orgasmos para complacer a sus maridos. No sé si también lo hacen las prostitutas; supongo que las de alto nivel, las que ni siquiera se llaman así sino damas de compañía o algo parecido lo harán para justificar las altas cantidades que se hacen pagar. Pero nunca he oído de mujeres que hagan lo que yo, disimular sus orgasmos.
A ver si me explico: cuando tengo a mi marido conmigo todo es normal y unos días me pongo más escandalosa que otros; de ello, los vecinos pueden dar cuenta. Pero me refiero a cuando mi marido está de viaje y no me puede cumplir físicamente. A mí me gustaría, pero como es tan tradicional no me atrevo, pedirle no sé, que se instalara el skype en el portátil y, cuando nos comunicáramos a través de la pantalla del ordenador, que me enseñara y yo le pudiera enseñar…  para excitarnos me refiero; y a partir de ahí… Pero ya digo, no me atrevo. Por eso, como cuando está de viaje es muy puntual en sus llamadas, primero ceno hacia las nueve y cuarto y, a las diez menos cinco, ya tengo todo recogido y estoy en la cama pasándome las uñas suavemente por la pelusilla. Hasta las diez, que suena el móvil. Le pongo el altavoz, me lo apoyo sobre los pechos y desplazo la mano hacia abajo. Ya os imagináis: él me va contando de los congresos a los que asiste y, como de él me gusta hasta su voz, me dejo envolver por ella y es como si guiara mi dedo. Lentamente, muy lentamente, que a veces quiere despedirse y, si no he llegado aún, le he de dar conversación sobre cualquier cosa hasta que empiezo a sentir… Y ahí está mi arte, en que no me note cómo se me entrecorta la respiración, en que no le lleguen al oído las sacudidas que doy contra la cama…

jueves, 23 de julio de 2015

Antonia, I: El patio de mi casa

(Un ejercicio rápido para la página tusrelatos.com, de una serie alrededor de una mujer, Antonia)

El patio es territorio mío. Del mismo modo que yo, sus libros, ni tocarlos, él, con las plantas del patio, lo mismo: no le admito siquiera un comentario sobre si se me están muriendo los geranios.

Y ahora tengo hormigas, toda una hilera. No entran en casa pero tampoco sé exactamente hacia donde se dirigen. Se lo dije la otra noche y, al día siguiente, me trajo un bote de no sé qué polvos. Pero ahí lo tengo muerto de asco en un rincón. ¿Y las hormigas?… Bueno, me siento frente a ellas, las contemplo en su marcha incesante y me fijo preguntándome si alguna es igual, exactamente igual, a la que le sigue.

domingo, 19 de julio de 2015

Amadís de Gaula (V: estructura, elementos narrativos [personajes, tiempo, espacio]: primera aproximación)

(Esta entrada es continuación de esta otra)

Al llegar al final del capítulo III y hacer balance provisional nos encontramos con que los elementos narrativos, entendiendo por tales a personajes, tiempo y espacio, son abundantes y, a primera vista, pueden producir una cierta sensación de caos. Además, son frecuentes las bifurcaciones de la acción mediante fórmulas como El autor deja de hablar de esto y torna al doncel que Gandales criaba (II) o El autor aquí torna a contar del rey Perión y de su amiga Helisena (III): 1º) La acción comienza en la Pequeña Bretaña, en la corte de Garínter, pero tras el nacimiento y la exposición de Amadís, como éste es hallado por Gandales, se traslada momentáneamente a Escocia (I). 2º) Acto seguido la acción pasa a centrarse en Perión que, tras irse de la Pequeña Bretaña, llega a su tierra, la Gaula. 3º) La acción vuelve a Escocia con Gandales, Amadís y el rey Languines, y se da un nexo de cohesión con la acción anterior: Urganda la Desconocida profetiza primero para Perión y luego para Gandales. 4º) La acción vuelve a la Pequeña Bretaña tras la muerte de Garínter y se reúnen todas las acciones anteriores: allí acude Languines a tomar posesión de la tierra de su suegro y Perión a proteger a Helisena, con la que se casa. 5º) Se abre una nueva línea con el rapto de Galaor, llevado a la ínsula del jayán Gandalás; 6º) Y aún otra en los párrafos finales del capítulo III con la presentación del rey Lisuarte ya mencionado, empero, en el capítulo I como antecesor de Arturo; él y su esposa, Brisena resultarán ser los padres de Oriana.

miércoles, 15 de julio de 2015

Arnold Zweig, El sargento Grischa

Zweig, Arnols, El sargento Grischa (Cenit, Madrid: 1929)
Desconocíamos a este autor de origen judío y lengua alemana (1887-1968), y nos decidimos por esta novela porque la tenía por casa y porque está en este catálogo de lecturas, que sigo de lejos y es uno de tantos que recomiendan lo que has de leer antes de morir.
La novela es bélica, con escenario en el frente del este durante la Gran Guerra y la situación inicial es la fuga de ese sargento Grischa, ruso, de un campo de prisioneros alemán. Además, estamos en el momento de la revolución rusa; dice un soldado alemán: -[...] allá en Rusia hay revolución (20); aunque poca presencia tendrá en la obra: a lo sumo, una discusión entre dos personajes, Sasha y Dwore sobre si el impulso para la transformación de la descarriada sociedad burguesa viene del campo o del trabajo fabril (85). Comentamos en desorden:

sábado, 11 de julio de 2015

Amadís de Gaula (IV: Garínter, Languines, Helisena, Perión, Gandales y Gandalín, Amadís, Galaor y Mabilia)

(La presente entrada es continuación de esta otra)
  • El comienzo de la obra es, además de ab initio, completamente didáctico: situación tempo-espacial y presentación del protagonista desde sus progenitores. En cuanto al tiempo, está sacralizado y referido a Jesucristo; y, en cuanto al espacio, remite a uno conocido: No muchos años después de la Pasión de nuestro Redentor y Salvador Jesucristo, fue un rey muy cristiano en la pequeña Bretaña, por nombre llamado Garínter (incipit).
  • Genealogía noble de Amadís:
  1. Por la parte materna: el rey Garínter de la pequeña Bretaña hubo dos hijas en una noble dueña su mujer, y la mayor casada con Languines, rey de Escocia, y fue llamada la dueña de la Guirnalda, porque el rey su marido nunca la consintió cubrir sus hermosos cabellos sino de una muy rica guirnalda, tanto era pagado de los ver; de quien fueron engendrados Agrajes y Mabilia, que así de uno como caballero y de ella como doncella en esta gran historia mucha mención se hace. La otra hija, que Helisena fue llamada, en gran cantidad mucho más hermosa que la primera fue; y comoquiera que de muy grandes príncipes en casamiento demandada fuese, nunca con ninguna de ellos casar le plugo (incipit). Se caracteriza a la madre de Amadís, pues, con dos rasgos fundamentales: la hermosura y la honestidad.

martes, 7 de julio de 2015

Amadís de Gaula (III: generalidades)

(La presente entrada es continuación de esta otra)
Garci Rodríguez de Montalvo, Amadís de Gaula (2 vols. Cátedra, Madrid: 1991)
Amadís de Gaula (4 vols. CSIC, Madrid: 1971)

Estamos leyendo el Amadís en las dos ediciones ahí expuestas y añadimos que hemos encontrado en este enlace una edición en PDF. Y ¿por dónde empezar una reseña satisfactoria? Por cualquier sitio; por ejemplo, diciendo una obviedad: que es una narración. Como, dentro del marco de la narrativa española, el Cantar de Mío Cid. Y de momento diremos de modo algo simplista que hay una línea de continuidad de una obra a otra: desde el trasfondo histórico del Cantar de Mío Cid hasta el mítico del Amadís; o desde el verso del primero hasta la prosa del segundo. Y, ya de modo más metódico, la complejidad de la obra nos lleva a abarcarla por puntos claros. Comenzaremos así extrayendo alguna idea del prólogo de Juan Manuel Cacho Blecua a la edición de Cátedra y añadimos que a él y a María Jesús Lacarra se debe toda una base de datos de literatura caballeresca. Del prólogo, pues, entresacamos:

viernes, 3 de julio de 2015

Erri de Luca, Il peso de la farfalla

de Luca, Erri, Il peso de la farfalla (Feltrinelli, Milán: 2009)
Ya reseñamos de este autor Il giorno prima de la felicità, y ahora acudimos a esta libro que, en realidad, contiene dos relatos cortos con dos elementos comunes, el amor por la naturaleza y un alto lirismo. Comentaremos sólo el primero de ellos, 'Il peso della farfalla' y destacamos:
  • La sensación del rey de los rebecos de llegar a su fin: Quel mattino di novembre si svegliò stanco (11 y luego 12); Quel giorno di novembre il re riconobbe il declino (13). Sabe las consecuencias de ello: seppe che era all'ultima stazione di supremazia. Le sue corna si sarebbero arrese a quelle di un suo figlio più deciso. [...] Uno di loro avrebbe sparso le sue budella al prato e lui sarebbe stato una carcassa sconfitta e svuotata. Non doveva finire così, meglio scomparire, in quello stesso inverno e non farsi trovare (12).