Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



domingo, 31 de enero de 2016

Antonia, XI: ¿Y si no fuéramos más que personajes de una novela que Dios ha escrito?

Ya he venido hablando de mi marido y de mí y he contado cómo lo mío son las plantas y lo de mi marido los libros. Esas son, como si dijéramos, nuestras aficiones. Porque, por lo demás, mi marido trae el dinero y yo llevo la casa.
También expliqué un día cómo mi marido lee un libro diferente cada mes y este mes le toca Ana Karenina, un libro que trata de una señora rusa muy adúltera.
Y a eso iba, a que esa señora no existió nunca porque se la inventó un novelista que se llama Tolstoi. Y mi marido me contó que por la misma época había otras novelas parecidas con otras señoras inventadas y también adúlteras, que si una de Oviedo que se llamaba Ana Ozores, y que si otra francesa, la más adúltera de todas, que se llamaba Emma Bovary… Bueno, y luego hay libros que hablan de señoras y de otras personas que sí existieron, como aquella Ana Bolena que cité un día porque su marido era un rey de Inglaterra que mandó cortarle la cabeza; o nuestra reina Sofía, que me parece que una periodista le escribió una biografía.

Pues eso pensaba el otro día: que nadie va a escribir nunca un libro que trate de mí porque yo no soy importante pero… Nosotros, mi marido y yo, no vamos a misa, claro, pero… ¿y si Dios sí que está ahí arriba mirándonos?, ¿y si sabe todo lo que hacemos?, ¿y si sabe también todo lo que haremos? Eso pensaba hasta que acabé imaginándome que Dios era como un novelista que tenía escritas millones de novelas cada una con la vida de cada uno. Y las tenía ordenadas como mi marido pero en muchísimas más estanterías. Y en una de esas novelas la protagonista era yo y salía también mi marido, mi suegra, el pueblo…; en otra el protagonista era mi marido y salía yo; en otra la vecina, en otra… en fin, cada uno era el protagonista de su propia novela ordenada en las estanterías de Dios. Y en cada novela Dios había escrito todo lo que había hecho cada uno y tenía ya escrito lo que iba a hacer en el futuro. Había escrito, incluso, que yo iba a escribir esto. Bueno, y no sigo porque acabaré liándome.

miércoles, 27 de enero de 2016

Fiódor Dostoievski, Crimen y castigo

Dostoievski, Fiódor, Crimen y castigo (Cátedra, Madrid: 2016)
Una de esas novelas que uno tendría que haber leído en otros tiempos pero, claro, uno no puede haberlo leído todo. La comentaremos de manera diferente a como hemos venido haciendo hasta aquí porque me produce la impresión de que, más que comentarios lo que hago son resúmenes. Pero mantendré la estructura de puntos:
  • La obra es de 1866 y, entonces, contemporánea de autores como Zola, Flaubert, Galdós, Dickens... Se puede adscribir, así, al realismo. Y con sus toques de naturalismo en lo que se refiere a espacios, ambientes o personajes.

sábado, 23 de enero de 2016

Antonia, X: ¿Y si no somos más que juguetes?

Ayer expliqué que, después de la sesión de cama que nos dimos mi marido y yo la víspera de Navidad, fui a casa de mi suegra a ayudarla con la cena de Nochebuena. Cada año lo solemos hacer así, que mis dos cuñadas y yo vamos a media tarde, nos metemos en la cocina, que casi no cabemos, y ya luego, a partir de las nueve, vienen los maridos con los niños. Ah, y hasta ahora no me había acordado de decirlo, pero nosotros no tenemos hijos,  que aún somos jóvenes. Pero ya los tendremos.
Bueno, pero a donde quería ir a parar es a otra cosa: que al llegar ya estaba allí mi cuñada Manoli, la hermana menor de mi marido, y se había traído a sus dos niños, que son gemelos. Y fui a darles cuatro besos, que estaban en el comedor jugando a la PlayStation. Y ya me fijé, ya, en que la caja del juego decía que era para mayores de 18 años pero yo, calladita, que ya sabrán mi cuñada y su marido cómo educan a sus niños. Pero por eso me quedé unos minutos allí mirándolos a los dos, que parecían dos salvajes con sus mandos moviéndose por una ciudad en ruinas y disparando a unos zombis.
Total, que fui ya a la cocina y me puse con las demás a la faena. Pero mientras estaba en lo mío que si distribuir los langostinos para que quedaran bien en la bandeja, que si los entremeses, que si un viaje al supermercado porque faltaban piñones para el relleno del pavo, no podía quitarme de la cabeza a mis sobrinos con sus mandos dirigiendo a los soldaditos para que fueran matando zombis. Y luego, con las cuatro mujeres moviéndonos por la cocina y casi chocando las unas con las otras como tontas, me imaginé lo mismo: que a lo mejor nosotras estábamos también metiditas en un juego de la PlayStation pero para niñas grandes, muy grandes, inmensas, que jugaban a sus cocinitas.

Y a ver si no puede ser. Con lo desarrollado que está el mundo y con los inventos que salen cada día, ¿no podríamos ser todos nosotros un invento de ésos y la tierra entera una pantalla de alta resolución, o como se llame, para que jueguen niños de otras dimensiones?

martes, 19 de enero de 2016

Antonia, IX: La lengua de mi marido

Pues sí, me temo que voy a hablar de lo que sugiere el título, que no sabía cuál poner. Además, como ya conté aquí un día lo que le hice yo a mi marido una noche mientras leía las Rimas de Bécquer, ahora explico lo que me hizo él a mí anteayer y quedamos en paz.
Pero antes quiero decir que mi marido y yo, además de estar casados, nos queremos mucho. Y además de querernos mucho nos gusta… bueno lo del placer de nuestras carnes. Y como mi marido tiene vacaciones desde el día 24 hasta Año Nuevo, anda más relajado y…  Pero lo voy a contar despacito.
Ya he dicho que fue anteayer. Y después de comer, que recojo yo la mesa, él se pone a fregar los platos y yo, al cabo de un momento, me pongo a su lado a aclararlos. Pero como él acabó antes se situó detrás de mí y empezó a provocarme. Y yo a él, por supuesto, que mientras me desabrochaba los botones de la blusa yo eché el culito un poco hacia atrás y lo iba moviendo de un lado al otro mientras notaba… que para mí es uno de los grandes misterios de la naturaleza lo de que a los hombres les aumente el volumen pero, claro, si no fuera así cómo podría luego yo sentir a mi marido dentro. Y en eso estaba entretenida, que hasta me olvidé de los platos, cuando él, que ya me había desmontado el sujetador, me dice muy bajito al oído:
—Te lo quiero hacer con la lengua.
Ni que decir cómo me puse, que me doy la vuelta, le doy un beso estilo Hollywood y acaba cogiéndome en brazos. Y así me llevó hasta la alcoba y me dejó caer sobre la cama. Nos desnudamos y, al verlo con todo su volumen, le digo:
—Pero luego te quiero dentro.
—De momento ponte como te has de poner.
Y eso hice. Y no exagero si digo que se estuvo más de media hora hasta que llegó con la lengua donde tenía que llegar: que si mordisquitos en todos los dedos de los pies, que si besitos por las piernas y la cara interior de los muslos, que si pasa de largo y me arranca un par de pelillos con los dientes, que si el ombligo, que si sube hasta buscarme los pezones. Ya digo. Y sabe hacerlo muy bien. Lo de tenerme en tensión y excitarme hasta el límite, que cuando me alcanzó por fin me metí un pañuelo en la boca para morderlo y no gritar y formar un escándalo.
Y cuando yo ya había llegado e intentaba recuperar el aliento, se me vino encima sin más y sentí dentro de mí moviéndose todo su volumen. Me quité el pañuelo de la boca y le empecé a decir al oído cuánto le quería. Y sería que es un artista o que vamos muy compenetrados pero llegamos los dos juntitos y esa vez para no gritar le busqué los labios y lo besé.
—Me gusta mucho que levantes el culo cuando estás a punto.

Eso me dijo luego mientras descansábamos abrazados y dándonos besos suaves, que, después, solemos ponernos tiernos. Y en eso estuvimos hasta que me tuve que levantar para ir a casa de mi suegra a ayudarla con la cena de Nochebuena.

viernes, 15 de enero de 2016

Antonia, VIII: El semáforo de mi pueblo

Hola, que ya dije un día que a mí, si no me pasa nada curioso, no escribo. Total, que como el sábado pasado sí me ocurrió algo, voy a contarlo.
Ya dije en el primer relato que envié aquí que en casa yo me encargo de las plantas del patio y a mi marido no le dejo ni tocarlas. Por eso algunos sábados por la mañana me acerco a unos viveros que están a las afueras del pueblo. A veces con idea de comprar alguna planta concreta y otras veces, como el sábado pasado, a lo que salga. Y me vine con tres cactus.
Y fue entonces, de vuelta a casa, cuando me pasó algo divertido. Bueno, antes tengo que explicar que vivimos en un pueblo no muy grande, de veinte mil habitantes que, más o menos, nos conocemos. Y tenemos un casco antiguo peatonal muy bonito con una iglesia románica que atrae mucho forastero.
—Gente que no sabe si el románico va antes o después del paleolítico o de Picasso.
Eso dice mi marido, que a veces es un poco exagerado. Pero a lo que iba: a que en el pueblo sólo tenemos un semáforo. Ah, y lo que presumo yo de pueblerina por internet con eso de que sólo tenemos un semáforo. Y eso es, que estaba yo parada en el semáforo y vi en la acera del otro lado a Jorge con su mujer y empujando un cochecito de bebé. Me lo quedé mirando y empecé a acordarme de los achuchones que me daba por los rincones del instituto, que Jorge fue mi primer novio. Bueno, el único que tuve antes de mi marido, que de novios sí que no voy a presumir. Y en eso estaba yo, mirándolo, cuando resulta que el semáforo se puso verde y el coche de detrás me pitó. Y, claro, era forastero, que en el pueblo puedes parar el coche para preguntarle a una vecina por el reuma y a nadie se le ocurre pitarte. Total, que miré por el retrovisor y vi que era un matrimonio con dos niños. Puse punto muerto y el freno de mano, salí del coche, me fui hasta el marido con cara de indignada y le dije:
-¿A usted nunca le ha pasado entretenerse en un semáforo porque le estaba mirando el culo a alguna señora? Pues eso.

Volví al coche, arranqué y me vine a casa con mis cactus. 

lunes, 11 de enero de 2016

Sófocles, Antígona

Releemos Antígona para la sesión del club de lectura de Ciudadela que se celebrará el 20 de febrero con el agravante de que fui yo quien propuso esta obra. De paso, amplíamos parcialmente la reseña que dedicamos aquí a la totalidad de las tragedias sofocleas. Y utilizamos varias ediciones:
-Sòfocles, Tragédies traduïdes per Carles Riba. Edip rei. Edip a Colonos, Antígona (Curial, Barcelona: 1981). De un lado tiene el problema de no presentar los versos numerados que se compensa, de otro lado, por la calidad de la traducción de Carles Riba.
-Sófocles, Tragedias (Gredos, Madrid: 1981)
-Sófocles, Teatro completo (Bruguera, Madrid, 1981)
Además, nos auxiliamos de bibliografía como:
-Segal, Charles, El mundo trágico de Sófocles (Gredos, Madrid: 2012)
-Romilly, Jacqueline de, La tragedia griega (Gredos, Madrid: 2011)













Comentaremos:
  • Una cierta estructura binaria: dos hermanos muertos (Eteocles, Polinices), dos hermanas vivas (Antígona, Ismene). Tiene sus consecuencias textuales: totes dues hem perdut tots dos germans / en un sol dia morts per una doble mà (149); els nostres dos germans / en un sol dia es maten, pobres, i un comú / destí compleixen, ells contra ells, mà contra mà (151); els dos mísers que [...] han tingut part en una mort l'un i l'altre (154); els prínceps, per un doble fat, han mort / en un sol dia (155). Y también para Yocasta con respecto a Edipo, la seva mare... i dona -doble nom!- (150).
  • Otra diferente tendencia al número tres a partir de las tres desgracias de la familia: 1ª) el padre, Edipo, es va picâ amb la seva pròpia mà els dos ulls (150); 2ª) la madre, Yocasta es fa malbé la vida amb un dogal suspès (151); 3º) los hermanos: i terça desventura, els nostres dos germans / en un sol dia es maten (151). De modo parecido Antígona hace una triple libación sobre el cadáver de Polinices: decantant d'enlaire un bronze ben forjat, / corona amb una triple oferta el seu difunt (163).
  • La estructura binaria en lo que se refiere a los personajes femeninos se complica al oponerse una a otra como se oponían los hermanos al modo de Caín/Abel, Jacob/Esaú, Romulo/Remo: Antígona, decidida a desobedecer a Creonte: Ves si em vols ser companya d'obra i de fatic? (150); Ismene, intentando hacerla desistir: oh, trista [...] Ah, temerària (150). Aunque es  cierto que luego, interrogada por Creonte, dice haber participado -tinc part en l'obra i prenc el càrrec sobre mi- y quiere compartir la suerte de su hermana: Almenys, germana, no em refusis l'honra de / morir amb tu (167).
  • El polvo sobre Polinices provoca disputas:
    1. Entre los guardias que custodiaban el cadáver y se acusan entre sí de ello: el guarda acusava al guarda: hauríem acabat / a cops (158).
    2. Entre el corifeo, que lo cree obra de los dioses (hi ha la mà dels déus [158]), y Creonte, que cree que alguien lo ha hecho por dinero (amb pagues [158], per soldada [159]) y de ahí deriva hacia un discurso contra el dinero que parece tener como sustrato la añoranza de la Edad de Oro: la moneda. Ella les ciutats / devasta, ella treu la gent dels seus casals; / ella ensinistra i esgarria els pensaments / honrats a detenir-se en lletges accions (159). El coro parece hacerse eco de esa idea al tratar la Edad de Hierro: l'home / [...] la Terra inconsumible, infatigable /, turmenta, amb el vaivé de las arades (160).
  • La organización posterior de la obra vuelve a tener un ritmo ternario: tras el quebrantamiento de la prohibición y el castigo dictado por Creonte, se oponen a él:
    1. Su hijo Hemón novio, además, de Antígona: per la noia aquesta ciutat es dol / [...] / destesa l'ànim, doncs, consent-te un mudament (173). Además, al llegar de fuera, actúa como portavoz de la ciudad: El poble tot de Tebes no ho diu pas així (174).
    2. El adivino Tiresias, que ve la ruina de la ciudad y le pide que rectifique: I és culpa teva si és malalta la ciutat / [...] / Doncs pensa-hi fill, és hora: la condició / dels homes vol que sigui a tots comú l'errar; / però, comesa l'erra, ja no és un pec / ni un miserable l'home que, si ha caigut / en mal, repara (184). Además le lanza malos augurios referidos a la muerte de Hemón: no has de viure gaires tombs rabents de sol / que, de les teves vísceres tu, tu mateix / un mort no donis en rescat dels altres morts (186).
    3. El corifeo siguiendo a Tiresias: blancs, / de negres que eren, se m'han fet aquets cabells / que ell no vaticina en fals a la ciutat (186). Le aconseja así levantar el castigo a Antígona restableciendo el orden natural: treu la noia del cobert on és, davall / de terra, i funda sepultura al qui no en té (187). Y convence por fin a Creonte: mudo tanmateix de cor [...] la meva idea s'ha girat (187).
  • La prohibición de Creonte, pronto violada por Antígona, se tornará contra él a partir del papel de los pájaros: el cadáver de Polinices será dolç tresor / per els ocells, que sotgen per delit de past (150); o bien: s'ha fet la crida [...] / que es deixi el seu cadàver insepult, d'ocells / i gossos menja (155-156); y luego en boca de Hemón: el seu germá / [...] / menjat dels gossos cornissers o dels ocells (173). Esos mismos pájaros y perros, según dirá después Tiresias, traerán la desgracia a la ciudad: Perquè les nostres ares i les nostres llars / són totes plenes de bocins que ocells i cans / han arrencat del pobre fill d'Edip caigut. / I els déus ja no ens accepten les oracions / dels sacrificis ni les cuixes flamejant / ja no hi ha ocell que emeti crits de bon senyal (184); lo que ha ocurrido, pues, ha sido que el cadáver corrompido de Polinices que huele mal a los guardianes (vid. infra) ha corrompido a la ciudad según le dice Tiresias a Creonte: és culpa teva si és malalta la ciutat (184); con ello se invierte el papel inicial que se atribuía Creonte de salvador de la ciudad: és a bord d'aquesta nau / que anem carrera dreta i que ens guanyem amics. / Amb tals principis jo l'Estat engrandiré (155). Y es curiosa también la asociación de Antígona a un pájaro cuando descubre que los guardianes han barrido el polvo que ella había echado sobre Polinices: veiem la noia, que exhalava uns crits aguts / d'ocella condolida, quan repara el llit / de la deserta colga buit dels seus petits (163).
  • Algo parecido ocurrirá con el castigo a quien viole la prohibición: qui d'això res faci, pena té de mort, / apedregat pel poble enmig de la ciutat (150). Antígona, efectivamente, no tarda en violarla de forma simbólica, no enterrándolo sino echándole polvo por encima: El mort, algú l'ha soterrat / [...] espargint-li pols (157). Y aún una segunda vez: I a plenes mans tot d'una porta seca s / i, decantant d'enlaire un bronze ben forjat, / corona amb una triple oferta el seu difunt (163). Será enterrada por ello.
  • Se producen, así, inversiones: Antígona pasa de enterradora a enterrada y Creonte de castigador a castigado. Hay otras: el llanto femenino de Antígona ya citado -veiem la noia, que exhalava uns crits aguts / d'ocella condolida (163)- y con antecedentes en otros llantos femeninos como el de las mujeres en las murallas de Troya se produce en un espacio extramuros; al final se la obra veremos el lamento masculino intramuros y, en concreto, de Creonte: Oh trist de mi, aquets fruits de la meva / culpa no lligaran mai amb cap altre / dels moridors! (194); además Eurídice se lamentará dentro del palacio con lo que culmina el recorrido del lamento: del campo a la ciudad y, de ésta, al palacio. La tumba de Antígona, por su parte, se convierte de cámara nupcial de ésta con Hemón. Y la inversión más clara es la sustitución del lamento inicial de Antígona completamente sola y ante la ruina familiar, por la del lamento final de Creonte, también solo y sin descendencia.
  • Frente a las inversiones hay claros paralelismos y simetrías: Creonte da orden no sólo de no enterrar a Polinices sino de ni siquiera llorarle: ningú / no l'honri amb sepultura ni amb els seus laments (155); pero no sólo Antígona transgredirá las órdenes sino que la obra acabará con un lamento paralelo, el de Eurídice havent plorat a crits / la sort il·lustre de Megareu, caigut abans, / i avui la d'Hemón (194) y, más aún, el del propio Creonte, que lo había prohibido; Creonte, además, se burla del lamento de Antígona al ser llevada a la tumba -¿Sabeu que les gemecs davant la mort / mai no s'acabarien, si es deixava fer? (180)- y poco después Tiresias le profetizará lamentos generales en su propia casa: gemecs d'homes de dones, dins el teu casal (186). Del mismo modo, la maldición, narrada por el guarda, que lanza Antígona contra Creonte -es posa a fê imprecacions / contra els sacrílegs que han executat el fet (163)- tiene su reflejo al final con la misma maldición lanzada por Eurídice y narrada por el mensajero: damunt de tu / havent cantat malastres, l'assassí del fill (194).
  • Y, además de las anteriores, la obra se basará en otras tensiones de tipo más abstracto como:
    1. Entre fisis y nomos, ley natural y ley humana respectivamente. Es decir, que Antígona argumenta que ha seguido la leyes naturales: car no és d'ara ni d'ahir, és de tostemps / que viuen elles, i ningú no sap de quan (164); y ello frente a la ley humana arbitraria por parte de Creonte a la que califica de mero edicte (164). Es más, para Antígona su acto supone la gloria: ¿en què una glòria hauria jo pogut / guanyar més pura, que posant el meu germà / dins una tomba? (165); y, de modo parecido, para Hemón merecería premio: ¿si no es mereixeria més un premi d'or (173). Y lo mismo más tarde en boca de Antígona: segons aquesta llei jo t'he honorat / de preferència, per Creont he fet un crim (180).
    2. Entre el mundo y el inframundo y entre los que están sobre la tierra y los que están enterrados: es tema básico en la obra e incluso su motor es el polvo vertido sobre Polinices y, simétricamente, el entierro en vida de Antígona anunciado por Creonte: Vés, sota terra estima'ls ja que vols amor (167); del mismo modo, más tarde: deixa-la que cerqui nuvi a l'altre món (172); y también: faré tancar-la viva en un enfony roquer / [...] / I allí que pregui l'Hades / [...] / sabrà, llavors, / que és feina inútil venerâ els qui l'Hades té (176). Además, uno de los argumentos de Antígona para que Polinices sea enterrado como Eteocles es que Hades vol les lleis iguals per tots (166). Y también Tiresias avisa a Creonte de que no se puede ir contra los dioses del inframundo, de que no puede enterrar viva a Antígona mientras mantiene privat dels déus / de sota terra, sense oferta, sull, un mort (186). Por fin, Antígona teme, al ser enterrada viva, quedarse a mitad de camino entre los vivos y los muertos: Ai dissortada, / que ni entre els mortals ni amb els difunts / habitaré, sense ésser ni dels vius ni dels morts (178). 
    3. Entre familia y estado en tanto Creonte se decanta por el segundo al responder la pregunta de Ismene: ¿I mataràs la núvia del teu propi fill? (168); o al no tomarse en serio a Zeus familiar dirigiéndose a su hijo a propósito de Antígona: que himnegi al Zeus familiar (172).

  • Se contiene también la paradoja de la locura cuando Antígona responde a Creonte: Si encara et sembla bogeria fê el que faig, / quasi és el jutge que em declara boja el boig (164). La misma idea estará presente en el Elogio de la locura de Erasmo y en el Quijote cuando se pregunte quién está más loco, si el protagonista o los duques que tanto empeño ponen en burlarse de él.
  • Siempre me ha sorprendido, porque lo entiendo atípico de una tragedia, el pasaje en el que el guardián habla del mal olor que produce el cadáver de Polinices: despullem el cos podrit / i en asseiem en una altura, sota el vent, / fugint que ens tiri a sobre la pudor que fa (162-163).
  • Son también de destacar ciertos momentos líricos como la descripción de Antígona ante el cadáver de Polinices por parte del guardia: veiem la noia, que exhalava uns crits aguts / d'ocella condolida, quan repara el llit / de la deserta colga buit dels seus petits. / Talment aquesta, així que veu tot llis el mort, / arrenca un plor i es posa a fer imprecacions / contra els sacrílegs que han executat el fet (163).
  • Y en la obra se alude a la maldición que pesa sobre los Labdácidas: dice el corifeo: alguna càrrega pairal expies; y responde Antígona: tot el destí que ens ha escaigut / als il·lustres Labdàcides! (179); y se da por prácticamente extinguida la familia: Perquè avui sobre / l'arrel extrema s'estenia un raig / en el casal d'Edip, ve que de sobte / la sangosa pols consagrada / als déus de sota terra / la sega i l'oradura / en el parlar, i en el cor una Fúria (170). Y del mismo modo Antígona, dirigiéndose al pueblo de Tebas se considera l'única deixa dels vostres reis (181). Pero, peor aún para Creonte porque mueren sus dos descendientes varones, Hemón y Meneceo, y queda sin descendencia.
  • Aparece el tema del matrimonio de ultratumba, presente luego en las obras dedicadas a don Juan. Y lo hace de dos modos: entendiendo a Antígona novia del Hades según aprecia el corifeo -cap el tàlem on tot s'adorm / veig com Antígona fa via (177)- o la misma Antígona: l'Hades [...] / se m'enduu a la riba / de l'Aqueront, sense haver mai tingut / la part que em tocava de boda, / ni que un cant nupcial / m'hagi cantat; no, d'Aqueront seré la núvia (177); sense cant d'himeneu, / malaurada, sóc duta / en aquest inminent viatge (179); sense llit ni càntics d'himeneu, i sense part / en un connubi ni en la puja d'un nadó (180). Más aún, se pone en paralelo el matrimonio de Antígona con el de sus padres: Ai maternes calamitats / del tàlem i concúbits de la trista / mare amb el pare meu, / amb qui veié la llum d'ella mateixa / dels quals jo sóc nascuda, la mesquina! Cap a ells, maleïda, innupta, / aquí sóc, que m'en vaig a fer-los companyia. / Ai, quin connubi, / germà tan míser vas aconseguir, / que, mort, encara viva m'has atuït a mi (179). Y se establece un significativo paralelo: Oh tomba, oh cambra nupcial, oh sotscavat / estatge que per sempre em guardarà, on vaig / prop dels del meu llinatge (180).
  • Y la catástrofe final con las tres muertes anunciadas gradualmente por los mensajeros y con antítesis como las que veremos en el apartado siguiente: la culpa que hagin mort és dels vivents (189). Primero es Hemón, que se suicida: i és per la seva mà que està sagnant (189); s'ajup damunt / l'espasa i se la clava al pit (191). Luego Antígona, suicida también como su madre: penjant pel coll, / estrangulada, del cinyell que ha fet de nus (191). Se consuman sus bodas, pues, en la muerte: Tal jeu, cadàver a un cadàver arrapat, / i és dins el regne del Hades, pobre, que ha obtingut / de consumar la boda (191). Por fin, Eurídice, la mujer de Creonte y madre de Hemón: La reina és morta, mare en tot d'aquest difunt, / la trista per ferides que s'ha obert adés (193); Colpint-se sota el fetge amb ses mateixes mans, / quan ha sentit els xiscles per la mort del fill (194). Además se producen paralelos en los mutis de Hemón y Eurídice previos a su suicidio: comenta el corifeo tras la marcha de Hemón: Rei, aquest home se n'ha anat amb pressa d'urc (176); y luego, tras la marcha de Eurídice: La senyora ha anat / de nou a dintre, sense un mot bo ni dolent (191). Las tres muertes, por lo demás, se prolongan con el deseo de morir del propio Creonte: Que jo no vegi / més la claror d'un altre jorn! (195).
  • Juegos léxicos en antítesis: Tu àdhuc dels justos, injustes / les ànimes rossegues a l'oprobi (176); En pac / d'una obra pia el nom d'impia m'he guanyat (181).
  • Por último, se produce algún paralelo con Edipo rey aparte de los suicidios de Yocasta y Antígona: el ataque de Hemón a Creonte y el suicidio de Eurídice, reproducen el de Edipo a Layo y el suicidio de Yocasta; a su vez, tanto Edipo como Creonte pierden dos hijos.

jueves, 7 de enero de 2016

Juan Rulfo, Pedro Páramo

Rulfo, Juan, Pedro Páramo y El llano en llamas (Planeta, Barcelona: 1980)
Leimos Pedro Páramo para comentarla en la sesión del club de lectura que se celebró en la Biblioteca Pública de Mahón el 16/12/15. Es una obra de difícil lectura que trataremos de entender a base de destacar aquellos aspectos que nos han llamado la atención:

domingo, 3 de enero de 2016

Libros comprados estas Navidades


Como suelo, cada vez que vengo a la península me doy un paseo por las librerías de Barcelona. En concreto por La Central, tanto la de la calle Mallorca como la de la calle Elisabets, la Laie de la Vía Layetana y la Casa del Libro del Paseo de Gracia. Diré que, por comparación con otros momentos, la Laie está en decadencia; creo, incluso, que ha pasado de ser una librería con bar y restaurante anexo a lo contrario, como se decía antiguamente del bar de la facultad de Derecho, que era el único con una facultad adjunta. La Casa del Libro, otro tanto de lo mismo. O quizá es que yo sólo miro la zona de los clásicos y la encuentro paupérrima en esas dos últimas librerías. Supongo que luego no se quejarán de que la gente compre en Amazon. En resumidas cuentas, sólo compré, esta vez, en La Central de la calle Mallorca. Y los siguientes libros: