Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



jueves, 31 de marzo de 2016

Pere Gomila, Geografies del vent

Gomila, Pere, Geografies del vent (Arrela, Maó: 2015)
Leemos el presente poemario para la tertulia del club de lectura de la Biblioteca pública de Mahón de ayer, 30/3/16. Y lo primero que diremos es que nos choca que por la solapa diga que el autor, que por cierto mantiene este blog, es de formación autodidacta: aparte otros muchos datos que apuntan en dirección contraria, sólo ver -sin necesidad de leer- la página 57 se descubre que estamos ante un soneto; y hace falta mucho autodidactismo para llegar al soneto...

domingo, 27 de marzo de 2016

Josep Masanés, Camins sense retorn

Masanés, Josep, Camins sense retorn (Delite, Barcelona: 2015)
Una novela histórica sin mucha complejidad y con un argumento de fácil resumen: a fines del XVIII dos hermanos irlandeses, Willie y Austin Tibbets, son enrolados a la fuerza en la marina inglesa, sufren las duras condiciones de la vida a bordo y, al llegar a Menorca, asisten a la conquista de ésta por parte de las tropas aliadas. Lo más notable será que no vuelven a Irlanda. Y, por cierto, partiendo de la misma idea inicial, la leva forzosa, creé hace años un pequeño relato, Maldita sea tu suerte,
Cuestiones:
  1. La madre perdida es un referente constante para los dos hermanos en lo que se refiere a los recuerdos y los sueños, y especialmente para Willie. Éste, poco antes de comprobar que ha perdido dos dientes, sueña con una rara visión de su madre: estranya pintura carmí als llavis [...] els ulls d'un ofidi (23). Poco más tarde, y también con motivo de la pérdida de dientes, sueña en una estampa hogareña con La mare asseguda a la vora del foc (42) y que ésta li allargava el braç per lliurar-li quatre dents (43); mucho después, algo parecido: va de la mano de su madre por un pasillo y una presencia amenazadora les impide entrar; y añade un elemento vegetal: Les buganvíl·lies. En els seus somnis sempre sortien [...] Quin significat tenien? (104). Su hermano Austin, en cambio, tiene dos sueños seguidos y de tintes muy negativos: dins una cova i seguia un camí [...] el camí no s'acabaria mai [...] el que cercava s'allunyava a cada passa que jo feia (142-143); de ellos acaba por concluir que no quiere volver a casa.
  2. En ese rasgo, los sueños en varios sentidos, se oponen los hermanos. Willie, además de los sueños anteriores, evoca un día de paseo y baño con su Isadora: -Un record per no oblidar (33). Por eso quiere regresar, para recuperar La mare, Isadora [...] Es negava a enterrar el records mientras que la postura de su hermano, y de ahí sus sueños, es la opuesta: Res no tornaria a ser igual. Que no podien aferrar-se al passat (129). Y la novela termina con Willie decidido a regresar y recuperando la buganvilla de su sueño: va veure als seus peus una corol·la roja. No era una buganvíl·lia però li va recordar [...] Ell tornaria a casa. Amb la mare. Amb la Isadora (152).
  3. El juramento de Willie cuando el contramaestre Davies ordena dar latigazos a su hermano -Juro que venjaré el que el contramestre Davies t'ha fet (51)- se ve cumplido aunque de manera algo indirecta. Durante el sitio de san Felipe Davies descubre que los españoles lanzan bombas con la mecha demasiado larga; por eso acude, arranca la mecha y la bomba no explota. Cuando los hermanos se pasan al lado de los españoles,Willie, para intentar cumplir su promesa, toma una bala i amb un guix va escriure sobre el ferro fred i calm el nom del mal (o sea, de Davies). Després en va agafar una altra i una altra fins que totes van ser escrites. Quan arribessin les ordres de disparar, es cuidaria de deixar ben curta la metxa (148). Cuando luego preguntan si Davies sigue vivo sabrán que Va voler treure una metxa d'una bomba que ens van llançar els espanyols poc després que volsaltres desertéssiu i li va explotar deu metres abans que hi arribés (151).
  4. Además de ese final de la novela con las actitudes opuestas de los dos hermanos con respecto al regreso a casa, hay un epílogo en el que se describe una situación paralela a la de la bomba anterior en la que un descendiente de los protagonistas lanza la bomba atómica sobre el Japón: Cent seixante-tres anys més tard [...] una única bomba que no duia cap nom escrit [...] fou llançada pel coronel Paul Tibbets en una altra illa (153).
Aspectos negativos:
  1. La siguiente imagen que creemos poco apropiada: los soldados que capturan a los dos hermanos mientras éstos están en el campo son comparados a talps zombis (17). No diremos que el autor no tiene derecho a tal comparación sino que la idea de zombi pertenece a una etapa posterior al XVIII y por una cuestión de coherencia...
  2. En el mismo orden de cosas entendemos medidas como uns quaranta metres (18) o pocs quilòmetres (31) o trenta metres (106) aplicadas en un espacio y en tiempo donde difícilmente rige ni el metro ni el sistema métrico decimal. Y si bien el narrador, dirigiéndose a un público actual, aún tiene cierta excusa pasa servirse de ellas, difícilmente lo podrá hacer un personaje: va explotar deu metres abans que hi arribés (151).
  3. Donde sí creemos ver contradicción es en la siguiente frase pronunciada a propósito de la desaparición de uno de los componentes de la tripulación con motivo de una salida a explorar el campo menorquín: -El lindo Lyndon ha desaparegut (66). Desde nuestro desconocimiento del inglés a esos niveles nos preguntamos si puede darse ese juego de palabras en una conversación en inglés.
  4. Un detalle de artillería: Els espanyols han llançat una d'aquelles bombes dobles amb una cadena que les uneix i que serveixen per abatre la bandera (124). O no lo entiendo bien o ¿qué sentido tiene abatir una bandera? Esas bombas ligadas se usaban en combates marítimos para desarbolar, para que la cadena rompiera los mástiles.

miércoles, 23 de marzo de 2016

Kenzaburo Oé, Una cuestión personal

Oé, Kenzaburo, Una cuestión personal (Anagrama, Barcelona: 2015)
Una novela que leemos para la tertulia del club de lectura en la librería VaDllibres el sábado 12/3/2016. Diremos que no conocíamos al autor, japonés, más que de nombre del mismo modo que nos ocurrió con Haruki Murakami cuya obra Al sur de la frontera, al oeste del Sol, reseñamos hace poco. Comentaremos:
  • Al protagonista no se le denomina jamás por el nombre sino por un apodo, Bird, que arrastra desde los 15 años (10). Puede éste entenderse como nombre parlante en sentido irónico: nunca emprenderá el vuelo a su espacio deseado desde la primera línea de la obra: Mientras miraba el mapa de África... (7) y se quedará sólo contemplando los mapas que compre (8); y, además, siempre tenderá hacia abajo, hacia el infierno. De su descripción se dice poco y negativo; además es tal y como él mismo se ve al contemplarse en un cristal : Tenía veintisiete años y cuatro meses [...] Era pequeño y delgado [...] Parecía un anciano atleta demacrado [...] no sólo los hombros alzados, como alas plegadas, le asemejaban a un pájaro (10).
  • Los contrastes: mientras Bird mira los mapas de África en la tienda, su mujer está pariendo: Junio, seis y media [...] la esposa de Bird rezumaba sudor por todos los poros de su cuerpo mientras gimoteaba de dolor, ansiedad y esperanza (7). Y no será hasta el  capítulo 8 cuando, por fin, Bird visite a su esposa entes de reunirse definitivamente con ella en el último: Cuando Bird descendió las escaleras [...] Su esposa estaba de pie (187).
  • Las extrañas relaciones entre motivos del texto; por ejemplo, entre el mapa de África o, mejor, la impresión que le produce a Bird, y la enfermedad de su bebé, esa hernia cerebral (30): El continente parecía el cráneo distorsionado de un hombre gigantesco [...] parecía una cabeza muerta en proceso de descomposición [...] parecía una cabeza despellejada (8). Igual ocurre cuando vuelve a dormir a casa la primera noche: tiene una pesadilla en la que se ve en el lago Chad atacado por una extraña criatura un phacochoerus y le despierta el teléfono comunicándole que su mujer ha parido pero Hay ciertas anomalías en el bebé (24).
  • Que así como en otras obras podemos hablar de descenso a los infiernos, en ésta no ocurre así exactamente porque ya se parte de ahí: es un viaje por esos infiernos. Intentamos estructurarlo:
  1. Quizá comience al salir de la tienda y cruzarse con esa extraña mujer que resultará ser un travesti (11) con el que luego piensa que podría haberse ido (12) y que puede guardar relación de simetría con el homosexual Kikuhiko del capítulo 13. Inicia así un recorrido caótico: la calle de los bares baratos (13) que le evoca cómo, tras casarse a los 25 años, permaneció borracho cuatro semanas seguidas [...] a la deriva por un mar de alcohol (13); luego, tras llamar a su suegra desde una sala de juegos pasadas las 7 de la tarde y saber que su mujer aún no ha parido (16), se mete en una oscura calle lateral [...] con prostitutas alineadas (20) y se pelea con una pandilla que le venía siguiendo desde la sala de juegos (19-22) y que volverán a aparecer al final (189); luego se va a casa a dormir.
  2. A la mañana siguiente va al hospital y, tras saber de la anomalía de su bebé, sale y toma la bicicleta tras pensar: Puedes conducir esta bicicleta hasta un paraje desconocido y atiborrarte de alcohol durante cien días (33). Vuelve a casa y al hospital, luego acude a ver a su suegro, profesor universitario, y le da la noticia de la deformidad del bebé con una imagen rara: Tiene la cabeza vendada, como Apollinaire (47). El suegro le regala una botella de Johnny Walker (48) y, al recordar a una compañera de estudios, Himiko, acude en taxi a su casa, en un barrio rodeado de templos y cementerios [...] al final de un callejón (50), la encuentra meditando sobre el universo pluralista (54) y le propone hacerlo con whisky. Será significativa la reacción de Bird al espiar a Himiko mientras se ducha: le vio la espalda, las nalgas y las piernas. La imagen le provocó una repugnancia irreprimible (56). Se queda a dormir con ella la segunda noche y, al despertar, los numerosos demonios que se reproducían en su vientre perforaron sus entrañas (71); y de modo parecido se dirá que los ogros pueblan el sueño de Himiko (72).
  3. Bird tendrá resaca: No hay padecimiento más estéril que la agonía de una resaca: a través de él no puede expiarse el sufrimiento de ninguna persona (73). Vomita: hubiese preferido arrojarse dentro del wáter cuando tiró de la cadena, y ser arrastrado al infierno de la cloaca (74). Va a su trabajo, a dar clase en una escuela universitaria y vomita en medio de la clase (83) a raíz de lo cual luego lo expulsarán (131). Acude al hospital donde le piden 30.000 yenes para hospitalizar a su hijo (92) y piensa en su viaje a África: Tengo... que librarme de él. Además, ¿qué ocurriría con mi viaje a África (95); A excepción de los mapas Michelin, ya no quedaría nada que lo vinculase a África (99). Y en el hospital conoce a un hombre que acaba de tener un bebé sin hígado y que hace deposiciones blancas (93-95). Decide volver a casa de Himiko con intenciones claras -la follaré (100)- a pesar de la repulsión que había sentido al verla desnuda y ella le recrimina: siempre que me pides que me vaya a la cama contigo estás hecho una piltrafa (101). Tras una discusión sobre cuestiones sexuales sobre si Bird teme la vagina y el útero de Himiko (105) se deciden por la sodomía; Bird piensa: a ella le dolería muchísimo, probablemente se rasgaría e incluso sangraría. ¡Quizá ambos se llenaran de mierda! (106). Y, aunque antes Bird había deseado una clase de sexo más malvado, un coito abyecto y vil, un coito basado en la ignominia (107), practican la sodomía y cada convulsión de placer de Bird hacía gritar de dolor a Himiko (108). 
  4. Al día siguiente Bird visita a su mujer en el hospital y ésta teme que Bird vuelva a recaer en un episodio alcohólico o le dé por irse a África (121): A veces pienso que en cada ocasión crucial que se presente, tú estarás borracho o dominado por algún sueño fantástico (121). Luego vuelve con Himiko.
  5. A la mañana siguiente, acude a visitar a Himiko su suegro y les propone vender la casa y marchar a África (156). Himiko empieza a entusiasmarse por África y estudia los mapas (160) mientras a él le ocurre lo contrario: Pero el continente que Bird podía imaginar ahora era desolado e insípido (165). Himiko cree que la pasión por África los une: -En principio nuestra relación se limitaba a lo sexual. He sido un refugio sexual contra tu angustia y vergüenza [...] Pero anoche surgió en mí la pasión por África [...] Nos hemos elevado sobre lo meramente sexual (165): lo que ha ocurrido en realidad es que Bird habrá desplazado hacia Himiko su pasión por África pues será ésta quien parta hacia allí sin él (188).
  6. Pero antes de ello se produce un episodio entre anagnórisis y reencuentro a tres entre Himiko, Bird y Kikuhiko, amigo de juventud de Bird (vid. infra) que ha montado un bar, un antro de maricas (183): El dramatismo de este reencuentro no lograba despertar las emociones internas de ninguno de ellos (181). Y, tras ello, un final algo brusco por el que Himiko se ha ido a África mientras Bird vuelve al seno familiar y operan con cierto éxito al bebé, cuya dolencia no parecía ser tan grave. Quizá la frase clave que podría cerrar la novela es la que su suegro le dice a Bird: Esta vez sí que hiciste frente a los problemas (188).

  • El alcohol será una constante: piensa sobre sus cuatro semanas borracho (13): muchas veces se preguntó cómo pudo permanecer borracho durante setecientas horas. Pero nunca llegó a una respuesta definitiva. Y mientras su descenso a los abismos del whisky constituyera un enigma, cabía un riesgo constante de caída repentina (14); Varias semanas viviendo como un cavernícola, encerrado entre grutas de whisky (121). Cuando lee que también en las aldeas africanas son frecuentes celebraciones a base de alcohol, piensa que también allí están insatisfechos y, reconociendo que él también lo está, se cuidaba de no volver a recaer en el alcohol (14). Luego comparte una botella de whisky con Himiko (48ss).
  • Hay otros personajes presentados también como monstruos: el médico con un ojo de cristal se convierte en el doctor de un solo ojo (34). Himiko, al ir a beber whisky frunció el labio inferior, como un orangután que prueba un sabor nuevo (57). El doctor con ojos de tortuga [...] brutal y altanera (94).
  • Y hay también personajes que pueden concebirse en red: 1) el marido suicida de Himiko: ella llama a Bird y fue él quien liberó el cuello del ahorcado y quien ayudó a bajarlo al suelo (110). La tercera noche, antes de dormir, Bird pensará: El marido muerto soy yo [...] Pero yo no me suicidaré (110). 2) Kikuhiko, un amigo de junventud de Bird: tuvieron una experiencia extraña [...] Habían aceptado el trabajo de atrapar a un loco fugado de un manicomio [...] El loco creía que el mundo real era el infierno y temía a los perros porque los consideraba demonios disfrazados (123): hasta aquí, el loco guarda semejanzas con Bird (71, 74) y, cuando a la mañana siguiente Bird encontró al loco ahorcado en una colina (124) la semejanza es con el marido de Himiko. Por lo demás, como Kikuhiko abandona la búsqueda, Bird le recuerda la aventura que había tenido con un homosexual norteamericano (124) y ello será procedente cuando el personaje reaparezca al final. 3) Delchef, agregado en la legación diplomática de un pequeño país socialista de los Balcanes que vive con una chica menuda, extraña y pálida (80), luego joven depravada (132), trasuntos de Bird y Himiko. Bird irá a buscarlo y Delchef se niega a volver: Mi amiga quiere que permanezca aquí (152). 4) El padre de Bird, también suicida: se disparó en la cabeza con una pistola; y al contar la anécdota Himiko le dice: -No te suicidarás, Bird. ¿De acuerdo? (137); y para culminar con en motivo del suicidio, la alusión a un animalillo, similar a una rata, el lemming; a veces los lemmings se suicidan en masa (174).
  • Hay otras imágenes de descenso a los infiernos como la referida a la cueva de Tom Sawyer: Lo que experimento ahora es como cavar en solitario el pozo vertical de una mina, recto hacia abajo, hacia una profundidad sin esperanzas (144). O el episodio de una novela africana que cuenta Himiko sobre demonios encarnándose en bebés (160).

sábado, 19 de marzo de 2016

Fedor Dostoyevsky, El Jugador

Dostoyevsky, Fedor, El Jugador (Bruguera, Barcelona: 1980)
Una lectura para la tertulia del Ateneo de Mahón del día 16/2/2016. Y por algún lado de este blog ya hemos alabado la labor que en su día hizo la editorial Bruguera, en la que leemos la novela, a la hora de difundir... de difundirlo todo.
La obra es de 1866 y lo digo para situarnos: porque el tipo de personaje, por su marginalidad -vicio, enfermedad, locura- apunta hacia el Naturalismo, esto es, hacia el momento en que la novela pasa de prestar atención a la realidad a atender los aspectos más sórdidos de ésta. Comentaremos:
  • A pesar de lo que acabamos de decir, la obra se sitúa en ambiente aristocrático, en una ciudad alemana de nombre parlante, Ruletenburgo. Y sus espacios dominantes serán un hotel aristocrático, y el casino; con el final de la novela en París y un epílogo con el protagonista rodando caóticamente por las ciudades con balneario y casino: Fui [...] a Homburg, pero volví a Ruletenburgo, y estuve en Spa, incluso en Baden (238).
  • Las líneas generales de la novela apuntan en una dirección: el dinero -y el juego, su variante- como elemento que disuelve las relaciones personales.
  • Está narrada en primera persona y el planteamiento inicial de la novela es amoroso: el narrador, Alexéi Ivanóvich, está enamorado de Polina -hasta en sueños la tenía ante mis ojos (18); la quiero locamente y me permite hablarle de mi pasión (31)- que, no sólo no le corresponde sino que lo utiliza y lo desprecia: No podría expresar mejor su desprecio que dejándome hablar libremente y sin censura de mi amor (31). Y la ama tan ciegamente que incluso afirma: me niego a comprender qué hay de bueno en ella (65). Tendrá celos en algún momento: ¡Polina y Des Grieux! Dios mío, ¡qué comparación! (168). Más tarde conoceremos más detalles a propósito del narrador: que es el preceptor de los hijos del general, que tiene veinticinco años, es noble y licenciado por la universidad  (73).
  • La preocupación por el dinero mueve a los personajes. Así, Polina había enviado al narrador a París a empeñar sus joyas y el dinero no le basta: -Necesito dinero como sea -me dijo-, tengo que encontrarlo; de lo contrario estoy perdida (14); luego lo manda a jugar de su parte porque Necesito dinero por encima de todo (18). El narrador juega, lo pierde todo (39-41) y Polina le explica por qué necesita dinero: Tomé dinero prestado y quisiera devolverlo. Tenía la extraña y loca idea de que iba a ganarlo aquí, en las mesas de juego (51).
  • Se crean lazos extraños entre los personajes. Polina es hijastra del general, que está enamorado de Mlle. Blanche (60). Están pendientes de la muerte de la abuela (15, 34). El general, para heredar, porque debe al marqués Des Grieux 30.000 rublos que le ha prestado, al parecer, para ocultar un desfalco (33); se los ha prestado contra hipoteca de todos sus bienes, incluida la finca, y como no se muera la abuela entrará en posesión de todo (49-50; 185) como así ocurrirá (232). Mlle. Blanche de Cominges está, a su vez, pendiente de la fortuna del general para casarse con él: Todo depende de la fortuna de la familia, es decir, de que el general pueda mostrarles mucho dinero. Si se recibiera la noticia de que la abuela no ha muerto, estoy seguro de que Mlle. Blanche desaparecería (36). Pasa por pariente del marqués Des Grieux, está acompañada de su madre (84) aunque se duda de todo ello: es muy posible que el marqués no sea pariente suyo, y que su madre no sea su madre (36): luego se sabrá que no se llamaba de Cominges sino du Placet (234). Y la sorpresa será total cuando aparezca la abuela en el hotel mismo y pierda una gran cantidad en el casino (103ss.): La aparición de la abuela, en lugar del telegrama esperado con tanta impaciencia anunciando su muerte -y, por lo tanto,la herencia que les dejaba-, había deshecho [...] todo el sistema de proyectos y decisiones ya tomadas (142). De ahí que el general ruegue al narrador que la haga desistir de ir al casino (149).
  • Esa tal Mlle. Blanche es figura que contrapesa a Polina. Se da de ella una descripción física muy positiva: Tendrá unos veinticinco años. Es alta [...] Hermoso pecho y cuello [...] los cabellos negros [...] Los ojos negros [...] Sus manos y sus pies son admirables (35). Curiosamente, la descripción de Polina se dará más tarde: es bonita [...] Alta y esbelta. Demasiado delgada [...] Sus cabellos, de un ligero tono rojizo (65).
  • Se presenta toda una teoría sobre el modo de jugar: Un caballero, por ejemplo, puede jugarse cinco o diez luises [...] pero por el propio juego, por puro entretenimiento, por el placer de observar el proceso de ganancias y pérdidas, pero jamás interesándose por el dinero [...] no por el deseo plebeyo de ganar (24). O sobre el cálculo de probabilidades en la ruleta: Suele ocurrir, por ejemplo, que tras las doce cifras centrales, salgan las doce últimas (40).
  • Se analiza también la psicología del jugador: el narrador, tras jugar con el dinero de Polina y perder, afirma: Sigo plenamente convencido de que en cuanto juegue para mí, ganaré sin falta (53). La abuela, junto a la ruleta, le dice: -¿Crees que no he visto cómo te brillaban los ojos? (140). O las reflexiones del narrador: Me encariñaba con determinadas cifras y probabilidades, mas pronto las abandonaba y volvía a hacer las posturas casi inconscientemente (197); fui a la ruleta, ¡Cómo me latía el corazón. No era dinero lo que yo ansiaba [...] oigo ya el tintineo de las monedas esparcidas y me siento desfallecer (239); puedo jurar que se experimenta una sensación particular cuando uno está solo, en un país extraño arriesga (y) su último florín (252).
  • Y se da el caso de varios personajes que pierden mucho en el casino: el general, tras jugar a rojo o negro y ganar a base de doblar pierde de repente 1.200 francos: Se apartó sonriente, con pleno dominio de sí mismo (25, en oposición a lo que le ocurrirá más adelante). El narrador que, jugando para Polina y ganando considera que Era el momento de irme, pero una extraña sensación se apoderó de mí [...] Hice la máxima apuesta permitida, cuatro mil florines, y los perdí. En un arrebato saqué el resto, repetí la jugada y de nuevo perdí (41). La abuela, que gana cuatro mil florines sobre todo apostando repetidamente al cero en la ruleta contra los consejos del narrador (132-136); más tarde volverá, perderá, realizará valores con cambio usurario (160) y, al perder tanto que se queda sin dinero para el viaje de vuelta, se encara con el general: He malgastado mis cuartos y no los vuestros (164); más tarde, cambiando más valores, pierde otros diez mil rublos (169) y, así, hasta que acabó de perderlo todo definitivamente (173). Y el narrador, que gana treinta mil florines (197) o doscientos mil francos (203) pero se los funde con Mlle. Blanche en París; fui al casino y en dos posturas perdí mil quinientos florines (240).
  • En cuanto al tiempo, se producen dos saltos marcados: El primero de casi un mes: Ha transcurrido casi un mes sin que volviera a tocar estas notas (171). Se anuncia que en ese lapso ha sobrevenido una catástrofe [...] cien veces más brusca e inesperada de lo que yo pensaba y que todo se desvaneció como un sueño, hasta mi pasión (171). Y se explica lo que ha ocurrido: que Mme. Blanche huye del general y se relaciona con un príncipe: Se descubrió pronto que el príncipe no tenía donde caerse muerto (179); que el general ruega al narrador que fuera inmediatamente a ver a mademoiselle Blanche y le implorara, le exhortara a volver con él, a casarse con él (184); que el narrador, tras ganar en el casino, se encuentra en su habitación con Polina muy nerviosa con arrebatos de ternura y amor (206) pero él, desde el mismo instante en que la víspera había tocado la mesa de juego y había empezado a ganar los fajos de billetes, desde ese instante mi amor quedó relegado a un segundo plano (213); que el narrador acaba yéndose a París con Mlle. Blanche, gastándose los doscientos mil francos ganados -Estuve allí algo más de tres semanas solamente, y en ese tiempo me gasté mis cien mil francos [...] los otros cien mil se los di a mademoiselle Blanche (221)- y emborrachándose con champán (222-223); que el general, al que había dado un ataque al saber la marcha de Mlle. Blanche (228-229), acude a París después de que otra persona de su círculo, el inglés Mr. Astley, le huiera pagado la factura del hotel (231) y se casa por fin con Mlle. Blanche que lo explota haciéndole firmar pagarés a favor de su amante (233). El segundo lapso es más largo: Ya hace un año y ocho meses que no he vuelto a coger estas notas (237). El narrador se ve en el punto más bajo de su trayectoria: soy peor que un mendigo [...] He echado a perder mi vida (237); rueda de ciudad en ciudad, cae preso: Estuve en la cárcel en Ruletenburgo por una deuda. Un desconocido la pagó. ¿Quién? ¿Míster Astley? ¿Polina? (238); y se encuentra por azar con Mr. Astley que le da cuenta de la trayectoria de algunos personajes y ello sirve de epílogo a la novela: Actualmente miss Polina viaja con la familia de mi hermana, que se ha casado. Sus pequeños hermanos tienen la suerte asegurada gracias a la abuela, y están estudiando en Londres. Su padrastro, el general, ha muerto hace un mes en París, a consecuencia de una apoplejía. Mademoiselle Blanche le trató bien pero consiguió poner a su nombre todo lo que la abuela le dejó (245-246); le cuenta, por fin, que Polina está en Suiza y que le amaba: ella le amaba a usted, y ahora puedo decírselo porque usted es un hombre perdido (249). Y termina la novela de forma indecisa con el narrador queriendo ir en busca de Polina: Ahora lo principal es Suiza; pero tentado por el juego: ¡Tengo un presentimiento, no puedo equivocarme! Dispongo de quince luises (251). Juega y a los veinte minutos salía del casino con ciento setenta florines en el bolsillo (252).

martes, 15 de marzo de 2016

Manuel Rivas, El último día de Terranova

Rivas, Manuel, El último día de Terranova (Alfaguara, Barcelona: 2015)
Otro libro que leemos para el club de lectura de la librería VaDLlibres de Ciutadella; en concreto para la tertulia del 13 de febrero de 2016.
El autor gallego nos propone un tema que, en rigor, es metaliterario: la desaparición de una librería por causas económicas (62-64). A partir de ahí nos cuenta una historia con continuos saltos temporales y espaciales que, a veces y a nuestro entender, provocan cierta falta de cohesión. Quizá a medida que vayamos redactando esta entrada podamos rectificar esa afirmación y apreciar que la novela tiene una arquitectura meditada. De todos modos, en ningún momento caeremos en el comentario fácil que se esconde tras la moraleja de la novela acerca de la desaparición de las pequeñas librerías, Y comentaremos a nuestro modo:
-Está presentada a partir de un narrador interno, el hijo del librero, y, por tanto, en primera persona: Me salvó el Pulmón de Acero (11); Mi padre tenía un apodo para el señor Hadal, el propietario (60).
-La novela comienza con un temporal que puede entenderse, a partir del título del capítulo -Liquidación final Galicia, otoño de 2014 (9)- como metafórico: El mar se embravecía. Se acercaba el temporal (20) Y decimos que el temporal puede entenderse metafóricamente en el sentido de que la que va a ser arrasada es la librería.
-Lo mismo puede decirse de la escena final con el narrador-protagonista evocando una visita, con la argentina Garúa ya fallecida, al Faro: La linterna del Faro, sí. Un buen lugar para abrazarse, para sentir que la mano busca, es llevada, acaricia, enciende una tea en el origen del mundo (274-275).
-En cuanto a los personajes, presentamos en primer lugar a la familia que regenta la librería Terranova:
     -Antón Ponte, padre de Eliseo y Comba, al que entierran en Terranova y con cuyos ahorros Comba pudo abrir la librería. De él queda un retrato entre el poeta navegante Manuel Antonio y Ernest Hemingway y, por eso, a la pregunta sobre qué escribió para estar ahí, el narrador contesta: Ese escribió El último día de Terranova (55).
     -Amaro, inseparable de Eliseo desde la época universitaria en que era ya conocido por su pasión por la Odisea (46) y por eso le llaman Polytropos (87, 99), el epíteto de Ulises, como su hijo lisiado dice ser conocido como Pies Ligeros (103), el epíteto de Aquiles; es expulsado de la enseñanza en 1942 y se casa con Comba en 1947 (61-62). Por supuesto, es amante de los libros: Qué fiesta para él recibir a los viajantes que volvían de Portugal con los "torgas" [...] cuando llegaban de vuelta los conductores frigoristas que hacían las rutas a París, con los libros y los Cuadernos del Ruedo Ibérico (72). Escribe, aparte de los ensayos que se citan más abajo, textos considerados de vanguardia como El ladrón de ganado, Ironía en el Hades, El cíclope y el ojo panóptico del poder... (115).
     -El tío Eliseo: acude a ver al narrador al sanatorio y le cuenta cuentos como el del soldado que, al modo futurista de Marinetti, grita: La guerra è bella! La guerra è bella! (79). Suele desaparecer por temporadas: cada viaje de Eliseo a América o Europa era, en realidad, un internamiento en un sanatorio mental No por loco [...] por homosexual (146). Acaba huyendo y viajando de verdad (266-267) hasta que muere en un geriátrico de París (268).
     -El hijo, que actúa de narrador, y que está impedido: Él fue a verme pocas veces al Pulmón de Acero (71). Y allí la enfermera Sara le llama el capitán Nemo (84). Del mismo modo, él se considera el barco ebrio (123) en referencia a Le bateau ivre de Rimbaud.
     -Garúa, la argentina a la que el narrador conoce en Madrid cuando la muerte de Franco (34); Amaro la nombra curandera y componedora de libros de Terranova (200). La perseguirá la policía secreta argentina (189ss) y, al parecer, acabará muerta en Madrid en julio de 1980 (268-270). 
     -Hadal, dueño de la finca que, cuando venía a cobrar, parecía que la verdadera razón era comprar una de aquellas novelas negras del Club del Misterio (59). Detrás de él está Fernando Lamarella, apodado Master, quien se va a quedar con el edificio y amenaza con el desahucio (244-245). A él y al juez recurre inútilmente el narrador para evitar ese desahucio y el fin de la librería (245-246). Pero acabarán quemándolo todo (254). Sin embargo, se vengarán de Master vendiéndole, de acuerdo con la policía, una imagen religiosa antigua y deteniéndolo después (261).
     -Dombodán, del pueblo de Chor (80).
     -Personajes curiosos como Guillermo, el vagabundo que de vez en cuando venía a venderme algún libro abandonado, que él mismo había birlado el día anterior [...] Primero lo leía y luego venía a vendérmelo (59). O el Confidente John Deere: Los libros lo volvían loco (149): dice que trabaja de profesor pero Goa, la cocinera, descubre que no es así Porque no huele a profesor (153). O Expectación, que no quiere aprender a leer porque todas las cartas que llegaban o eran para ir a la guerra o para dar noticia de alguna muerte (198); pero Garúa acaba por enseñarla a leer y lee diez o quince veces Pedro Páramo (239). O Viana y Zas, pequeños delincuentes que están mariscando furtivamente al comienzo de la novela (9ss); acaban escondiéndose de la policía en la librería y Viana cuenta cómo, durante un vis a vis, Zas le dice: Tú eres mi hemoglobina. Y a mí me pareció bonito. Que alguien me llamase Hemoglobina (241). 
-Personaje central será también, por supuesto, la librería: del capítulo titulado La fundación Galicia, verano de 1935 (45-55) sabemos los orígenes y, a narrar su final después de varias calas en diferentes épocas, está dedicada la novela.
-Juegan especial papel los animales que pueblan la librería y casi todos con nombres de resonancia literaria y de lo más diverso: Lezama, Antígona, el capitán Nemo, los gatos noctámbulos de la casa; la perra Baleia, quizá Moby Dick (26); los perros Zein y Seit, de raza existencialista (78; vid infra); el loro Falstaff (152).
-En cuanto al espacio destaca, frente al urbano de la librería, el rural de Chor donde Amaro había tenido casa (63). Allí huyen cuando la policía argentina persigue a Garúa (189ss.)
-Es excesiva la cantidad de autores que cita sin que parezca venir siempre a cuento: un sapo evoca a Neruda, Curros Enríquez, Francis Jammes (poeta francés del XIX-XX), Luis Pimentel y, todo ello, para ir a parar a Teixeira de Pascoaes (28); Rosalía y Manuel Murguía (74); María Zambrano (143); Eduardo Blanco Amor (263); Samuel Beckett (268). Se entretiene en los ismos: el existencialismo (78), el futurismo (80), el abyeccionismo inventado por Eliseo (86), la Internacional Surrealista (87).
-Toca, al estilo borgiano, la pseudoerudición como los ensayos Miguel de Cervantes y la "serie negra" (59) o Mnemósine in Hispania (103), compuestos por el padre del narrador, Amaro Fontana.
-Sí que tiene algún logro lingüístico: Estaba más delgada y me pareció que le había cambiado la voz, también el silencio (42); Tengo mucha morriña de lo que no conozco (195-196), de indudable sabor pessoano.
-Y, a veces, el autor mete la pata por exceso de pedantería: ya se ha dicho que los perros Zein y Seit son de raza existencialista; pues se dice de ellos, refiriéndose al lugar donde está el narrador en su Pulmón de Acero: todo el pabellón estaba pendiente del Ser y la Nada (78). Bien, se entiende el juego de palabras entre Zeit/Sein, típicas de existencialismo, y Zein/Seit; pero no son el Ser y la Nada sino el Ser (Sein) y el Tiempo (Zeit). De modo parecido en una cita de la Odisea: A Ulises, ese náufrago que el mar arroja a la playa, lo reconocen el perro, el porquero, el ama de cría (229); sí, es la anagnórisis final, pero, aparte de que también lo reconoce Telémaco, Ulises no llega náufrago sino acompañado por los feacios (Odisea, XIII) y, de hecho, se está confundiendo con la llegada al país de estos últimos donde sí llega náufrago (VI).

viernes, 11 de marzo de 2016

Patrick Modiano / Sempé, Catherine Certitude

Modiano, Patrick / Sempé, Jean Jacques, Catherine Certitude (Folio, s.l.: 1998)
Comentamos el presente libro para la tertulia del 16/3/16 del club de lectura en francés de la librería mahonesa Espai 14. Y de ese autor ya comentamos aquí otra obra, Rue des Boutiques Obscures. Comenzaremos por decir que es una historia en línea naïve, que quizá recuerda Le Petit Prince, y que parece ideada para ser leída en la enseñanza francesa, en el nivel de école. Sea como fuere conjuntan muy bien con esa línea los dibujos de Sempé, conocido sobre todo por el Petit Nicolas. Comentaremos:
  • Es una historia narrada en primera persona femenina -Catherine- cuyos motivos centrales serán algo tan alejado de una visión problemática del mundo como la danza o las gafas e incluso la relación entre ambas: On ne danse pas avec des lunettes (9). De ahí la reflexión de la protagonista tras su primer día de clase de danza en el que la profesora le había pedido algo que ella solía hacer en ciertos momentos, que se quitara las gafas: le monde de la danse n'était pas la vie réelle, mais un monde où l'on sautait et où l'on faisait des entrechats au lieu de marcher simplement. Oui, un monde de rêve comme celui, flou et tendre, que je voyais sans mes lunettes (43).
  • De ese mínimo hecho, la imposibilidad de bailar con gafas, se pasa al descubrimiento de esa nueva visión del mundo: Les contours des gens et des choses perdaient leur acuité, tout devenait flou [...] Le monde, quand je le voyais sans lunettes, n'avait plus d'asperités, il était aussi doux [...] qu'un gros oreiller (9-10). Y al contrario: Avec mes lunettes, je voyais le monde tel qu'il est (10). Además, como ve puntos en común entre el mundo de la danza y la visión sin gafas, llega a la conclusión de que Si je voyais normalement sans lunettes, je danserais beaucoup moins bien (44). Y una cierta propiedad simétrica que observa su padre: Les autres te trouveront dans le regard, quand tu ne porteras pas tes lunettes, une sorte de buée et de douceur... Cela s'apelle le charme (45). Es de resaltar el momento en que Catherine ha olvidado las gafas en la academia de baile: vuelve, la portera le abre y se queda bailando sola sin gafas: Il m'a suffi un peu d'imagination pour entendre dans le silence la musique du piano et la voix  de Madame Dismaïlova (47-50).
  • En cuanto a la organización de la trama, se parte de esos motivos -danza, gafas- para trazar un flash back de treinta años (10) con salto también espacial. En efecto, la narradora regenta una escuela de danza en Nueva York y, al ver a una alumna dejar sus gafas sobre una silla, recuerda: je le faisais au même âge chez Madame Dismaïlova (9). Pero eso ocurría 30 años antes en París donde la narradora pasó su infancia. Y de ahí se pasa a narrar esa infancia.
  • La familia de Catherine presenta ciertos contornos difusos: Je n'ai jamais su quel est exactement le métier de papa (10). Su madre es americana, a los 20 años acude a París con su grupo de danza, se casan y, al cabo de unos años, su madre vuelve a América: elle avait le mal du pays [...] Mais plus tard j'ai compris qu'il y avait, au départ de maman, d'autres raisons (15-16). De todas maneras la idea del padre es acudir a vivir con ella dès qu'il aurait reglé ses "affaires commerciales" (15). Quizá tenga algo que ver con ello el gusto del padre por mirar las estaciones desde las ventanas: la gare de l'Est (35), du Nord (46); y también de Catherine: une lumière blanche [...] des quais de la gare du Nord (47); je suis resté à regarder les quais de la gare du Nord (50). Luego sabremos que el abuelo de Catherine había llegado a París por la gare du Nord y había decidido quedarse en ese barrio parce que c'était un quartier de gares. Et que si l'on voulait partir, c'était plus practique (75).
  • También el espacio es curioso. En París (Xe) Nous habitions au-dessus d'une sorte de magasin (13); y es en ese almacén donde comparte con su padre la experiencia de quitarse las gafas: J'avais ôté mes lunettes, et papa avait ôté les siennes. Tout était doux et brumeux autour de nous. Le temps s'était arrêté. Nous étions bien (14).
  • Un personaje también original es el asociado de su padre, Monsieur Casterade: papa l'avait d'abord engagé comme sécretaire (16); pero después es él quien dicta las cartas: Combien de fois ai-je vu papa taper à la machine des lettres d'affaires sous la dictée de Monsieur Casterade (18). Éste incluso se preocupa por las notas escolares de la narradora y cuando la riñe por los resultados en ortografía ella echa mano de su recurso: Mais j'avais ôté mes lunettes et je ne l'entendais plus (20). Y es también gran aficionado a la poesía: tras decirle Catherine que en la escuela han estudiado a Víctor Hugo y Verlaine (32), saca del bolsillo una antología de poemas suyos y lee endecasílabos mientras Catherine se quita las gafas (33, 84): -Je vais vous donner un exemple de métrique française... la vraie (32); pero, curiosamente, la última vez que Casterade recita sus poemas durante la cena de despedida, Catherine mantiene las gafas (92).
  • Hay otros personajes -digamos- borrosos:

  1. La mujer que aparece en una foto de conjunto al lado de Casterade, su padre y ella, y que a veces aparecía por el almacén; cuando tiempo después ella le pregunta a su padre quién es, Papa semblait embarrassé (50) y acaba por mirar al cielo -como antes a las estaciones- y contestar: c'était une hôtesse de l'air (51).
  2. Odile, la amiga de Catherine en clase de danza cuya gobernanta, Madame Sergeant, la espera junto a la estación de metro. La amiga entrega a Catherine una invitación a un cocktail a su casa y acude con su padre a una fiesta lujosísima con gentes de mucho nivel que discuten de coches de tracción delantera o trasera (53ss.).
  3. La madre de Odile, qui portait des lunettes de soleil y que, al serle presentado el padre de Catherine, elle le voyait à peine derrière ses lunettes de soleil (66); por fin, cuando el padre le dice que han venido en coche con tracción delantera n'a rien entendu derrière ses lunettes de soleil (67).
  4. El homme corpulent qui portait une moustache en la misma fiesta. Habla con el padre de Catherine en une langue mistérieuse (68; ya antes éste había hablado por teléfono en une langue étrangère [42]). Tras la conversación el padre de Catherine cree que sus asuntos van a mejorar; dice que su interlocutor era Quelqu'un de très important qui va pouvoir m'aider (68) y que, en general, Mes affaires vont prendre une autre dimension grâce a ce cocktail (69). Luego sabremos, porque les ha entregado una tarjeta, que ese hombre se llama Tabélion (72). Pero poco después se desvanece todo lo que se refiere a la fiesta: Odile deja de ir a clase de piano, la dirección de la casa en la que habían estado resulta no existir y Tabélion no contesta el teléfono aunque el padre de Catherine sigue confiando en él: Grâce à lui mes affaires vont reprendre de l'essor (73).
  5. La misma profesora de danza, Mme. Dismaïlova: su padre la había conocido de joven y se llamaba Odette Marchal (78); pero él mismo, por entonces no se llamaba Georges (26, 50): je m'appelais Albert en ce temps-là (87).

  • Otros muchos aspectos van quedando en el aire produciendo una sensación de acción inconclusa. Por ejemplo, la actividad comercial de Casterade & Certitude: se dice, por ejemplo, que las cartas que el segundo dictaba al primero ne servaient à rien (18); y que el padre evade la cuestión (24) cuando la hija le pregunta qué significan las abreviaciones Exp. - Trans. escritas en la fachada del almacén (23); aun así se produce gran actividad nocturna de carga y descarga de cajas en camiones (24-25). También es difusa la relación entre ambos socios: cuando Catherine pregunta a su padre éste responde: Casterade m'a sauvé d'un bien mauvais pas (21); y, al parecer, ello supone algún delito: les vrais amis sont ceux qui vous sortent des griffes de la Justice (22); más tarde sabremos que se trata de actividades de contrabando relativo: Rappelez-vous l'affaire des mille après-ski autrichiens auxquels vous avez fait franchir la douane. Ils ont failli vous entraîner très loin, vos après-ski... Sans moi, vous auriez eu bonne mine derrière les barreaux (42).
  • Otro espacio original es el restaurante Le Picardie adonde acude Catherine a veces con su padre (26). Como allí también acude Casterade y no quieren compartir mesa con él, el padre propone: Il faut que nous enlevions nos lunettes, Catherine... Comme ça, nous aurons une excuse pour ne pas voir Casterade (27). En cambio, al acabar la comida, otros personajes se acercan a la mesa a hacer negocios como el también curioso Chevreau a quien vende 50 butacas de avión para transformarlas en butacas de cine (27-28). Igual ocurrirá con el parque donde juega Catherine con algunos de sus compañeros de clase: su padre la vigila sentado en un banco tandis que des hommes bruns à moustaches et aux vieux pardessus -les mêmes que ceux du restaurant- et Chevreau lui aussi prenaient place, à tour de rôle, sur le banc a côté de lui (31). (Y el restaurante volverá a aparecer al final cuando celebran la fiesta de despedida [92])
  • Hay algunas anécdotas que merecen destacarse:

  1. Una que adquirirá significado al llegar al final de la obra es la que ocurre por las mañanas: el padre abre la ventana y, mientras contempla el paisaje con la gare de l'Est, se hace el nudo de la corbata diciendo: -À nous deux, Madame la vie (35). Esa misma y con la misma frase será la visión que Catherine tiene de su padre al final de la obra (95).
  2. Otra, enmarcada en el halo de misterio de las actividades empresariales del padre y su socio, es la llegada de un camión español (39) que descarga cajas: Elles contenaient des statuettes de danseuses classiques (41). Ambos socios abren las cajas y en algunas encuentran estatuillas rotas, reexpiden en otro camión las estatuillas enteras y, con las rotas, Chaque soir nous nous amusions, papa et moi, à recoller leurs morceaux et à les aligner au fur et à mesure sur les étagères. Et nous contemplions toutes ces rangées de danseuses (42). Y es justamente en ese momento cuando su padre le propone ser bailarina como su madre y, acto seguido, acuden a la escuela de Mme.Dismaïlova.
  3. El último día de clase de danza de Catherine: cuando van hacia allí su padre le cuenta que conoció a su madre en el casino de Paris a propósito del baile: je l'ai prise dans mes bras [...] Je suis entré en scène avec elle en titubant, sans mes lunettes [...] Je me suis cassé la figure... Nous sommes tombés tous les deux par terre (78); y esa escena remite a la anterior de las estatuillas rotas. Y es entonces cuando deciden irse a Nueva York con lo que quizá sí les ha traído suerte Tabélion. Lo celebran repitiendo entre padre e hija la escena anterior: papa m'a soulevée dans ses bras et m'a porté le long de l'avenue Trudaine, comme il le faisait jadis au Casino de Paris (88).
Y la obra termina con cierta idea de circularidad: el padre de Catherine tiene un nuevo asociado en Nueva York (95), Catherine tiene una hija como su madre y dirigen una academia de baile (9, 95)... Y, de ahí, a una cierta idea de eternidad: Nous restons toujours les mêmes, et ceux que nous avons été, dans le passé, continuent à vivre jusqu'à la fin des temps. Ainsi il y aura toujours une petite fille nommée Catherine Certitude qui se promènera avec son père dans les rues du Xe arrondissement, à Paris (93).


lunes, 7 de marzo de 2016

Françoise Sagan, Bonjour Tristesse, II (segunda parte)

La presente entrada, dedicada a la segunda parte de la novela es continuación de esta otra. dedicada a la primera. Comentaremos:
    • El aspecto más introspectivo de esta parte con un desdoblamiento inicial de la narradora: de un lado, la crainte, l'hostilité que m'inspirait Anne (72); del otro, la posibilidad de que ello se justifique por ser une petite jeune fille égoïste et gâtée en veine de fausse indépendance (72). Por momentos se siente culpable de sus sentimientos respecto a Anne: je la suppliais tout bas de me pardonner [...] je m'en détestais (73); Je tremblais de remords devant Anne (83). Y aparece todo un análisis de estados de ánimo: La netteté de mes souvenirs à partir de ce moment, m'etonne. J'acquérais une conscience plus attentive des autres, de moi-même [...] Je passais par toutes les affres de l'introspection (71). Llega, incluso, a posiciones difíciles de entender: Je ne cherchais pas à revoir Cyril, il m'eût rassurée, apporté quelque bonheur et je n'avais pas envie; de ahí que j'étais triste, desorientée (77); aunque luego, a preguntas de su padre le responderá que sí es feliz aunque acto seguido piensa en hablarle del bonheur perdu (107). Del otro lado, es justamente Elsa quien se preocupa de si Raymond était heureux (79). Y, en todo caso, la narradora ve a Anne renversée dans la chaleur du plaisir, du bonheur (82); en resumen y a partir del título: la tristeza de la narradora se opone a la felicidad de su padre, de Anne y también de Elsa: Elle avait le sourire heureux (90). Y otra de sus contradicciones consiste en querer convertirse en Anne tras la aprobación del bachillerato: je serais intelligente, cultivée, un peu détachée, comme Anne (85); je voulais devenir célèbre et assommante (87).

jueves, 3 de marzo de 2016

Virginia Woolf, La señora Dalloway

Woolf, Virginia, La señora Dalloway (Lumen, Barcelona: 1980)
Otra novela que leemos porque andaba por algún rincón de nuestra biblioteca. Y ya reseñamos de esta autora su novela Orlando. En esta destacamos:
  • Puesto que narra un día en la vida de Clarissa Dalloway en el Londres de entreguerras -la novela es de 1925- se puede entender como una respuesta al Ulises de James Joyce de 1922. Una de las diferencias será que en esta obra se dan constantes saltos atrás.
  • Por lo demás, la novela es difícilmente transitable. En la primera frase -La señora Dalloway dijo que ella misma se encargaría de comprar las flores (9)- ya se insinúa que va a haber una fiesta; y a su preparación parece enfocarse la novela: Clarissa [...] gritó: -¡Acuérdate de la fiesta! ¡Acuérdate de la fiesta de esta noche! (143); -¿Irás a la fiesta de esta noche? -preguntó la señorita Kilman (149); los taxis [...] transportaban a gente que iba a su fiesta, la fiesta de Clarissa (185); Vendrá el Primer Ministro (186). Pronto se nos darán marcas temporales para ubicar ese día: el mes de junio estaba mediado. La guerra había terminado (11).
  • Del mismo modo, ya al comienzo aparece un personaje, Peter Walsh, del que luego sabremos que acaba de volver a Inglaterra tras cinco años de ausencia -desde 1918 hasta 1923 (84)- y que andaba enamorado de la protagonista aunque ésta se casó con Richard Dalloway. Y se nos dirá la edad de la protagonista: Acababa de entrar en su quincuagésimo segundo año (46). También se evoca el momento en que Richard Dalloway conoce y se enamora de Clarissa ante la presencia de Peter Walsh: (Clarissa) hablaba con un hombre joven sentado a su derecha. Peter tuvo una brusca revelación. "Se casará con este hombre" se dijo (72). Peter Walsh lo acepta aburridamente, sin resentimiento (74) mientras que por momentos asoman los celos de Richard Dalloway: Tiempo hubo en que tuvo celos de Peter Walsh; celos de él y de Clarissa (133).
  • Se da una descripción de Mrs. Dalloway no muy positiva: no era llamativa; en modo alguno hermosa; nada pintoresco había en ella; nunca decía nada destacadamente inteligente (89). Y se dispersan sus rasgos psicológicos: Siendo dos veces más inteligente que Dalloway, Clarissa tenía que verlo todo a través de los ojos de Dalloway (90); tras exponer la muerte de su hermana Sylvia por accidente, decide que los Dioses no existían, que a nadie cabía culpar; y, por ello, formuló la atea doctrina de hacer el bien por el bien (91).
  • Hay otro matrimonio joven, Septimus Warren Smith y Rezia, que aparecen repetidas veces en la novela pero cuya relación con el resto de personajes es muy tangencial: Y esto es lo que significa ser joven, pensó Peter Walsh al pasar junto a ellos (83); o en este otro momento en que el narrador hace confluir, a efectos de cohesión, dos acciones diferentes en un mismo instante: Las doce sonaron cuando Clarissa Dalloway dejaba su vestido verde sobre la cama, y el matrimonio Warren Smith avanzaba por Harley Street (108); de nuevo cuando Elisabeth Dalloway va en autobús hacia el Strand (154-155) y luego se dice que veía Septimus Warren Smith, yacente en el sofá de la sala de estar [...] ora el Strand gris, ora los autobuses de vivo amarillo (158); también cuando se llevan a Septimus, que ha querido suicidarse, en ambulancia y poco después Peter Walsh oía el alto y ligero sonido de la campana de la ambulancia (170); Septimus morirá según se sabrá porque su médico estará en la fiesta de Clarissa: "[...] un joven (esto era lo que Sir William contaba al señor Dalloway) se había matado. Había estado en el ejército". ¡Oh!, pensó Clarissa en medio de la fiesta, he aquí la muerte, pensó (207). De otro lado, ya se había narrado de modo bastante irónico cómo Septimus estuvo en la guerra y cómo conoció a su mujer: Septimus fue uno de los primeros en presentarse voluntario. Fue a Francia para salvar a una Inglaterra que estaba casi íntegramente formada por las obras de Shakespeare [...] Cuando llegó la paz se encontraba en Milán, alojado en una pensión con un patio, flores en tiestos [...], hijas que confeccionaban sombreros, y de Lucrezia, la menor de las hijas, se hizo novio un atardecer (100). Y el final de la novela se basará en el contraste entre la muerte de Septimus y la fiesta: El joven se había matado pero Clarissa no le compadecía [...] Debía ir al encuentro de Sally y Peter (209-210).
  • Hay un momento en que se insinúan tendencias lésbicas en Clarissa Dalloway: a veces no podía resistir el encanto de una mujer, no de una muchacha, de una mujer confesando, cual a menudo le confesaban, un mal paso, una locura. Y, tanto si se debía a piedad, o a la belleza de estas mujeres [...] Clarissa sentía sin lugar a dudas lo que los hombres sienten (41). Y esas tendencias llegan a concretarse: ...este enamorarse de mujeres [...] su relación en los viejos tiempos con Sally Seton. ¿Acaso no había sido amor, a fin de cuentas? (42). La protagonista reflexiona sobre esas sensaciones: Lo raro ahora, al recordarlo, era la pureza, la integridad, de sus sentimientos hacia Sally. No eran como los sentimientos hacia un hombre. Se trataba de un sentimiento completamente desinteresado (42). Y evoca el beso que se dieron: se produjo el momento más exquisito de la vida de Clarissa, al pasar junto a una hornacina de piedra con flores. Sally se detuvo; cogió una flor; beso a Clarissa en los labios (45).
  • Más tarde, cuando aparezca el grupo de amistades de Clarissa, Sally seguirá entre ellas: Pero, de entre las personas que formaban aquel antiguo grupo, el grupo de amigos de Clarissa -los Whitbread, Kindersley, Cunningham, Kinloch Jones-, Sally probablemente era la mejor (85).
  • Y, aparte de los anteriores, se van introduciendo y acumulando personajes hasta el punto de que es difícil seguir el hilo: el doctor Sir William Bradshaw, que visita a Septimus (108ss.) y luego está en la fiesta (207); Hugh Whitebread, aristócrata que se mueve en los mejores círculos: dice haber visto a Clarissa esa mañana en el parque (117ss) y luego pasea con Richard Dalloway por Mayfair (128); Elisabeth Dalloway, -creo que- sobrina de Clarissa (140ss); otra mujer que parece concebirse en oposición a Elisabeth (152-153), la señorita Kilman (140ss), excesivamente religiosa y, por eso y por pertenecer a un estrato social inferior, dice: -Yo nunca voy a fiestas (150); Daisy, al parecer enamorada de Peter Walsh (178-179); la señora Walker, concinera de los Dalloway (186-187).
  • Gran parte del texto contiene reflexiones de Clarissa acerca de cualquier cuestión concreta o abstracta: ¿acaso había en el mundo un hombre capaz de comprenderla a ella? [...] Clarissa no podía imaginar a Peter o a Richard tomándose la molestia de dar una fiesta sin razón alguna (139); ¡Amor y religión!, pensó Clarissa con el cuerpo estremecido [...] ¡Cuán detestables, cuán detestables eran! (144).
  • Aunque la novela tiene como escenario Londres, se dan pocas marcas espaciales: Eran exactamente las doce; las doce del Big Ben (108). O Richard Dalloway camino de Westminster con un ramo de flores para su mujer (131); la torre de la catedral de Westminster (151); esporádicamente aparece el Strand .(155), Fleet Street (156)...